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Senderos de amistad

Amigos de sendas.

Voy a emprender un duro circuito de montaña. La empresa es difícil. Tengo por delante 27 kilómetros (km) con 1.500 metros (m) de desnivel positivo, cerro Áspero (2.239 msnm) incluido.

Pero a las dificultades geográficas le tengo que agregar la presión que siento porque tengo que alcanzar a un grupo de compañeros de sendas con los que decidí anticipar los festejos del día del amigo.

La razón por la cual salí más tarde que ellos fue laboral: me llevó más tiempo de lo esperado una nota que le hice a Agustín Pinti (click acá para leerla), lo que trastocó mis horarios.

La mañana dominical está helada. Para colmo saldré desde Puerta de la Quebrada pasadas las 9 horas, cuando se registra la temperatura mínima del día. Antes de ponerme la mochila veo a mi amigo Jesús que hará un circuito distinto. Lo saludo y parto raudo.

Troto con fuerza los primeros 600 metros hasta llegar a la trepada que me conducirá a la cumbre del Áspero, primer objetivo del día. Empiezo a subir la salvaje pendiente y siento el esfuerzo. El frío me cala los huesos, a pesar que voy muy abrigado.

A los dos kilómetros diviso a los chicos de Los Cóndores Trekking, parte del grupo con los que tenía que salir. Los saludo, me responden con una sonrisa y sigo. A los poco metros me encuentro con mi amiga Cecilia, quien me dice que el resto marcha unos 30 minutos más delante.

Encuentro con mi amigo Cristian.

Los próximos tres kilómetros se hacen interminables por la aguda pendiente, por el terreno excesivamente técnico, que en partes está resbaladizo por la escarcha, por el aire gélido y porque mi físico siente la exigencia a la que lo someto.

Me mareo. Me pongo nervioso, no sólo porque no alcanzo a mis amigos, y hoy no quiero hacer mi fondo en soledad, sino, probablemente, porque no puedo olvidarme de los problemas y miedos que me acechan por los tormentosos tiempos que atravesamos.

Me detengo unos segundos. Cierro los ojos. Respiro profundamente. Siento que el aire puro de la precordillera norte me purifica los pulmones y el alma. Abro los ojos. Miro al oeste. Me embeleso con la “pintura” que me regala la cordillera de Los Andes. Giro la cabeza en sentido contrario. Ahora me maravillo con la postal aérea de la Ciudad de Mendoza. Vuelvo a cerrar los ojos. Medito. Encuentro paz. El alma está recargada. Sigo viaje.

Como estoy en un segmento donde la pendiente no es salvaje troto un poco. A los pocos minutos viene el primer encuentro. Me topo con la “China” Natalia, una de las integrantes de EMPower, de la profe Eve. Ella, junto a un amigo, viene de hacer cumbre del Áspero y me dice que sus compañeros están un poco más arriba.

Entusiasmado, aumento el ritmo. Viene la última trepada brava antes de hacer cumbre. Me encuentro con mis amigas Cinthya y Érica. Nos sacamos una foto. Subo más y saludo a Cristian, con quien me fundo en un abrazo y nos tomamos una selfie. Me explica por cuál quebrada tengo que circular para acortar camino a la vuelta. Cada uno sigue su dirección. Él baja, yo subo. A los pocos minutos saludo a la profe Eve, quien también desciende. El primer gran objetivo se acerca…

Con Érica (primera) y Cinthya, todo fue risas…

Los últimos metros de la trepada se hacen sentir. Pero puede más la alegría por arribar al punto más alto del recorrido. Llevo apenas 7,7 km ¡Todavía faltan 20 km! Me encuentro con el resto de la comitiva. Les pido que me saquen unas fotos. Como un “choco arroz”, me hidrato, saludo y bajo rápido porque quiero reencontrarme con mis amigos.

Es el turno de una quebrada que nunca hice pero que es necesaria para acortar camino. Bajo un km y doblo a la izquierda para tomar un sendero serpenteante y ondulado que desembocará en la quebrada Guamparito. Mientras bajo hacia ella, diviso a mis amigos que, no obstante, van lejos.

Llego a un corral de piedra. Es momento, tras 11,5 km, de reponer energías. Bebo, pausadamente, medio litro de Gatorade y consumo unas pasas de uva. Cuando me doy cuenta que perdí algo de tiempo asciendo progresivamente 1,5 km para encontrarme con el mítico puesto El Molle. El suelo pedregoso hace difícil la marcha. Sigo por el lecho de la quebrada 1,5 km más para divisar una inmensa pirca que me indica que debo bajar 1,5 km hasta el Puesto Tres Quebradas, donde no me detengo y sigo bajando frenéticamente dos km más para llegar al histórico “Mal Paso”, un by pass que permite sortear un accidente de la quebrada del Manzano. Subo unos 700 metros y se acerca una gran alegría…

Ahora sí me encontré definitivamente con mis amigos Cristian, Cinthya, Eve y sus compañeros de EMPower, más el “runner cosechador” lavallino Héctor Villegas. Vienen los últimos 9 km en compañía. Comemos algo. Charlamos divertidos y partimos para llegar a la meta.

Recorremos un km más por el by pass, un accidente geográfico muy complicado. Llegamos de nuevo a la quebrada Manzano y sólo quedan 7 km fáciles y en bajada para arribar a la Puerta de la Quebrada. Corro a un ritmo de entre 5 minutos y medio y 6 minutos el km. Primero me pasan dos de los runners del grupo (un chico y una chica) y luego se me une Cinthya con quien “tiramos” juntos. El cansancio se hace notar. Pero el frenesí por terminar la jornada deportiva puede más ¡Llegamos!

Es tiempo de elongar y, quizás, lo más lindo: intercambiar experiencias trail runners y hablar de “bueyes perdidos”. Dialogo animadamente con Héctor, Cristian, Eve, Cecilia y Cinthya mientras compartimos Gatorade, necesario para reponer minerales que eviten calambres en nuestros exigidos músculos.

Hay que despedirse, pero con la enorme satisfacción de haber empezado la semana del día del amigo corriendo por senderos de amistad…

Metros antes de la cumbre al Áspero.

Fotos: gentileza
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Claudio Pereyra Moos

Periodista por pasión, más que por profesión. Ultramaratonista de montaña que corre tras ideales: traspasar metas de carreras difíciles, trabajar por una sociedad más justa, viajar para conocer nuevos horizontes.
2 Comments
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Flavio Morcos
2 years ago

Hola Claudio! Soy Flavio Morcos, profe fundador de Ecoandinia. El domingo 25 a las 10 am , en el estacionamiento del zoo haremos un entrenamiento lúdico y luego un brindis ya que es el cumpleaños de Ecoandinia, 12 años!!
Estamos contentos de haber trabajado en forma ininterrumpida estos 12 años, con entrenamientos y salidas al monte. Me gustaria puedas ir y hacernos una nota. Desde ya agradecido