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Crónica de una locura ¿anunciada?

Recuerdo cuando perdí la cabeza…
Había algo tan agradable en ese lugar
Incluso las emociones tenían un eco en tanto espacio
Y mientras andas por ahí, perdí contacto contigo
Pero no fue porque no te conociera lo suficiente
Simplemente te conocía demasiado
¿Eso me vuelve loco?
Posiblemente


Y espero que lo estés pasando mejor que nunca
Pero piénsalo dos veces, ese es mi único consejo
Vamos, ¿quién lo hace, quién lo hace, quién lo hace?
¿Quién te crees que eres?
Ja, ja, ja, bendita tu alma
¿Realmente crees que tienes el control?
Bueno, creo que estás loca
Igual que yo

Crazy. Gnarls Barkley, del álbum St. Elsewhere

Luego de más de dos meses sin ejercicios al aire libre por la cuarentena del coronavirus COVID-19, hoy, pudimos salir a correr, noticia que, por tan deseada, muchos la veíamos muy lejana.

A continuación una crónica en primera persona de un trote de 10 kilómetros por las calles de la Ciudad de Mendoza y el Parque General San Martín.

Locura

Salgo de la esquina de avenidas San Martín y Colón para tomar rumbo a mi amado Parque General San Martín. No puedo creer que esté al borde de las lágrimas por la emoción de salir a correr poco más de una hora por un lugar que tengo al alcance de la mano y que lo he recorrido infinidad de veces, al punto de que era parte de la “normalidad” de la cotidianidad diaria “¡Qué locura es esto!”, exclamo. Y parto.

Los primeros dos kilómetros por las avenidas Colón y Arístides son muy tranquilos. Esquivo a los transeúntes para mantener el distanciamiento social. La gente me mira raro, porque troto y porque llevo puesta mi mochila de hidratación. Tras poco más de 12 minutos, ingreso a nuestro principal pulmón verde. Paso por el costado del estadio del Club Independiente Rivadavia hasta calle Las Tipas, doblo a la izquierda hasta llegar al lago, lo circundo, por la calle del Rosedal. Las hojas de los árboles luchan entre sí: algunas siguen verdes, resistiéndose al otoño. Otras ya pintan el paisaje de color marrón. Esquivo, primero, a dos señoras que caminan cansinamente en mi dirección y luego a una ciclista que circula en sentido contrario. Ya estoy pleno y feliz porque la gimnasia sacó el niño que llevo adentro. Sigo derecho…

Eco

Arribo a calle Thays, la que nos lleva a las puertas de los clubes Hípico y Golf. Al subir me encuentro con una postal maravillosa, la de los árboles que vigilan la calle. Por primera vez siento el eco del lugar, gracias al cantar de los pájaros ¡Es cierto que valorás más lo que querés cuando no lo tenés! Tantas veces he corrido por esta calle y nunca deparé en el sonido de las aves… Todo por el encierro que me mortificó por más de 60 días…

Ya llevo casi 4 kilómetros a un ritmo de 6 minutos y medio cada mil metros… Me encuentro con dos ciclistas que me saludan animadamente. Como estoy dentro del radio de 5 kilómetros permitido, y extasiado por la belleza del lugar, me permito pasear por las calles del pulmón verde de Mendoza. Así, visito el Paseo Mafalda para, posteriormente, al abrigo de añosos plátanos, pasar por el costado de la Calesita. Me invade un vago recuerdo de la infancia… Subo hasta arribar a la rotonda Orsaly. Llega lo mejor…

Mendoza maravillosa…

Al bajar por la vereda sur de avenida Libertador, y luego de esquivar a una chica que pasea alegremente dos perros inquietos, me impacta, a pesar de haber visto este espectáculo muchas veces, el marrón de las hojas que languidecen ¡No es lo mismo el otoño en Mendoza! ¡Tienen tanta razón Jorge y Pocho Sosa! ¡Hay que andar con el alma hecha un niño..!

Es el turno de costear los Caballitos de Marly para ingresar, otra vez, a un “túnel” de árboles, en este caso el que regalan los plátanos de la avenida homónima. Tras unos 300 metros llega el momento de contemplar la divina Fuente de los Continentes. Tomo a la izquierda por la calle del Rosedal y, antes de llegar a su coqueta rotonda, me intercepta un periodista que me pregunta si estoy dispuesto a hablar para radio Nihuil.

Sesión de terapia

Mi colega Matías Pascualetti me saca al aire para que hable con Ricardo Montacuto, el conductor de “Te digo lo que pienso”. Tras una breve presentación y explicarle que estoy muy feliz, le cuento que soy ultramaratonista. De su neto olfato periodístico, Ricardo me descerraja una impiadosa pregunta: “Siempre pensé que ustedes los ultramaratonistas están escapando de algo ¿Qué te pasó? ¿Por qué hiciste ese chip a la actividad física? ¿Te divorciaste, perdiste tu laburo, cambiaste de vida?” Me pone en un aprieto y, sinceramente, no sé qué decirle. Se me ocurre, para ganar tiempo, lanzarle una chanza. “Sos psicólogo aparte de periodista”, le respondo y reímos al unísono. Así las cosas, aprovecho la improvisada sesión para hacer catarsis. Le digo que es un poco de todo, que, probablemente, fue para escapar de errores pasados y de algunos miedos… Para no ingresar en temas más personales, le agrego, contundente, que el deporte me cambió y ordenó mucho la vida. Y que me animó a encarar grandes proyectos, como viajes al exterior que antes para mí eran imposibles. Termina la nota. Me despido. Ya es hora de regresar a casa para continuar con mis obligaciones.

Emoción

Bajo por calles Rufino Ortega y San Lorenzo. Me tiemblan las piernas mientras corro. Es que la improvisada entrevista me llegó a las fibras íntimas de mi ser. 60 días de cuarentena en soledad en mi departamento me sensibilizaron mucho. Así, una precisa pregunta de un experimentado periodista me expuso de una manera inimaginable una hora atrás. Algunas lágrimas tímidas, que contengo desesperadamente, me enrojecen los ojos. Termina la travesía en San Lorenzo y San Martín.

Conclusión

Mientras camino a mi casa, sólo queda un breve instante para reflexionar que es muy loco todo lo que pasa. En tan sólo poco más de dos meses, un “bicho” muy chiquito nos cambió la vida rotundamente. Las relaciones sociales ya no serán las mismas luego del COVID-19, la economía cambiará rotundamente, surgirá un mundo nuevo que aún no podemos avizorar si será mejor o peor. La incertidumbre llegó para instalarse mucho tiempo…

Fin de la crónica de una locura ¿anunciada?

Fotos: Claudio Pereyra Moos

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Claudio Pereyra Moos

Periodista por pasión, más que por profesión. Ultramaratonista de montaña que corre tras ideales: traspasar metas de carreras difíciles, trabajar por una sociedad más justa, viajar para conocer nuevos horizontes.
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Mario Rio
2 years ago

Excelente crónica, Pájaro. Me gustaron los detalles del paisaje y las impresiones.