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“Súper Kuki”, mi “héroe cotidiano”

Creo que casi todos hemos tenido un héroe alguna vez y especialmente en la niñez.

Quién de niño no fantaseó con ser, al menos por un día, aquel súper personaje de ficción que leíamos en historietas o veíamos por televisión.

Poder gozar de sus extraordinarios poderes y con ellos salvar al mundo de cuanto malvado villano anduviese suelto.

Mi preferido era el “Hombre Araña”, consumía ávidamente todo lo referido a este personaje.

Incluso hoy recuerdo muy nítidamente pasarme largas horas jugando con el muñeco del humano arácnido.

Era por ese entonces mi juguete predilecto.

Luego, en la medida que vamos entrando en la adolescencia, aquellos héroes de la niñez comienzan a diluirse poco a poco, para pasar finalmente al destierro del olvido.

Pero no quedan huérfanos de héroes nuestros pensamientos por aquella edad.

Sólo los sustituimos por personajes reales, que, si bien carecen de súper poderes, poseen capacidades y habilidades extraordinarias solamente reservadas para personas con dotes privilegiados.

Muy a menudo estos nuevos héroes nos vienen legados del mundo del deporte.

Al menos en mi caso particular así fue.

El más significativo y admirado por mí, en esa época, fue Michael Jordan.

Seguramente la elección estuvo muy influida por la práctica regular que hacía del básquetbol, en aquel entonces.

Así transcurría mi vida, a finales de los años ’80.

No distaba en mucho, en cuanto a gustos y preferencias, a la de los demás chicos de 15 años.

Por ese tiempo el rumbo de la curiosidad me había llevado hacia el mundo del atletismo.

Paulatinamente el gusto y el compromiso hacia esta actividad habían crecido notablemente.

Podría decirse que ya me sentía un atleta.

Y lo que en un comienzo fue un modesto interés, a estas alturas era una decidida declaración de amor.

Devenido en un corredor medianamente serio, me acometí a la natural y lógica tarea de buscar héroes dentro del atletismo.

Reparé en muchos con trayectorias y desempeños magníficos.

Pero los que más me motivaron en aquel momento fueron el marroquí Said Aouita, primer humano en correr 5.000 metros planos por debajo de 13 minutos y el mexicano Arturo Barrios, hombre récord de los 10.000 metros planos, y además latinoamericano.

Así trascurrían mis días entrenando mucho más responsablemente y endureciendo paralelamente cada jornada.

Todo este arduo programa de trabajo tenía como finalidad principal la mejoría atlética y, en gran medida, estaba sustentado por las enormes ansias de parecerme a mis héroes.

Todo podría haber seguido discurriendo por los canales usuales.

Hasta aquí, esta historia se asemeja mucho a la de cualquier joven adolescente.

Pero el destino quiso ponerme por delante a la mayor fuente de inspiración de mi juventud.

Un héroe tan real como normal, sin poderes de ningún tipo, un héroe con una capacidad común y tan vulnerable como la mayoría de nosotros.

Él fue José Luis Pachman, alias “Kuki”.

Hoy uno de mis más grandes amigos.

El primer contacto con “Kuki” fue visual. Recién llegado a la pista de la Universidad Nacional de Cuyo, dispuesto a realizar un habitual entrenamiento de series, me percato de un corredor que no había visto antes.

Rápidamente me doy cuenta de que está realizando series de 1.000 metros, hace una tras otra y apenas descansa 1 minuto 30 segundos entre ellas.

Le contabilizo unas cinco pasadas hasta el momento.

Terminada la entrada en calor, comienzo mis series de 400 metros, compartiendo pista con este fenómeno de corredor. Durante mis descansos, entre cada pasada, le sigo observando.

Lleva unas 10 series de 1.000 metros y se le ve imperturbable, no salgo de mi asombro.

He finalizado la tarea de hoy y estoy totalmente exhausto, mientras que él aún sigue corriendo.

Va notablemente más rápido que las primeras series, me cuesta dar crédito a lo que veo.

Es extraordinario el nivel al que lleva el esfuerzo este hombre.

Ha concluido, qué magnífico espectáculo ha dado, y ni siquiera sospecha hasta qué punto ha influido en mí esa descomunal ejecución.

Espero a que realice el trote regenerativo. Por fin se ha detenido.

Se lo ve intacto y actúa como quien acaba de hacer algo totalmente asequible a cualquier mortal.

Estoy anonadado, me parece estar ante la presencia de un súper humano y, para mejor, a la escasa distancia de una docena de metros.

Vacilo y dudo, pero es tal la tentación de hablar con él que me sobrepongo a mis miedos y haciendo acopio de coraje me acerco, me presento y le extiendo la mano.

-Buenas tardes, soy Cristian Malgioglio. Estoy sorprendido de lo que es capaz de correr.

Me mira y sonriendo a la manera de quien no siente ser merecedor de tal halago, me da su mano derecha y con la otra me palmea amistosamente el hombro.

-José Luis Pachman, decime Kuki. Y gracias, pero no es para tanto.

Vaya si no es para tanto. Pienso.

-¿Cuántas pasadas de 1000 metros hizo?

-Quince pasadas.

Lo dice de una forma y un tono tan natural como si lo recién hecho fuera perfectamente realizable por cualquier persona.

Reflexiono: “Que bestial, quince pasadas de 1000 metros…”

No atino a decir nada, me encuentro sobrecogido por tanta admiración.

-Y a vos, ¿qué te tocó?

Doble sorpresa, ahora se interesa e indaga sobre mi tarea. No esperaba que este súper hombre demostrara tanta empatía hacia alguien tan insignificante como yo.

Tímidamente contesto:

– Diez pasadas de 400 metros.

-Te vi muy bien. Posees cualidades para este deporte.

Y continúa.

-¿Cuántos años tenés?

-15 años.

A continuación se me acerca, me toma de ambos hombros, sitúa su cara a escasos centímetros de la mía y abriendo de par en par sus enormes y sinceros ojos azules me dice:

-Escúchame bien Cristian, llevo muchos años en este deporte, he corrido Maratón de Boston y New York, entre otros.

Vislumbro que tienes condiciones para el atletismo, sólo debes ser paciente, entrenar cada día y todo llegará a su debido tiempo.

Ese día no sólo conocí un “súper héroe”, además me hice su amigo. 

A más de 30 años de aquel fortuito encuentro José Luis Pachman, el “Kuki” como le conocemos, no ha dejado de ser por un instante una gran inspiración para mí.

Cristian Malgioglio

Tres veces campeón argentino absoluto de 100 km
en carretera y miembro de selecciones nacionales

Foto: gentileza Cristian Malgioglio

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