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Runner cristiano y solidario

Roberto Jofré entrenando en épocas de pandemia

Roberto Jofré, una de las glorias que dio el atletismo mendocino, protagonizará el próximo sábado la quinta “Maratón Solidaria”, que tendrá como epicentro la Plaza del Reloj del Parque Central de la Ciudad de Mendoza.

El referente del fondismo vernáculo correrá, trotará o caminará de manera ininterrumpida desde las 8 a las 20 horas en el pulmón verde para que la gente se arrime y done alimentos no perecederos, ropa o calzado para los más necesitados.

La Municipalidad de Mendoza, que patrocina el evento solidario y desplegará la logística del evento deportivo, luego repartirá lo recaudado a ONGs que brindan ayuda a los que la están pasando mal por la crisis actual derivada de la pandemia del COVID-19.

Las razones

“Con mis pasos pretendo llegar a la gente para que arrime donaciones y así ayudar a los que la están pasando mal porque hay necesidades…”, expresó con naturalidad y humildad la leyenda del pedestrismo.

Con la del sábado, Roberto, sanluiseño de origen pero mendocino por adopción, protagonizará la quinta “Maratón Solidaria” ya que hizo lo propio en 2002, 2006, 2016 y 2018.

A continuación, te ofrecemos un video donde el histórico atleta nos invita a participar de su “Maratón Solidaria” donando alimentos no perecederos, ropa o calzado:

Sin celular y con fe

Mendoza Corre fue a ver a Roberto Jofré al Gimnasio N°2 de la Ciudad de Mendoza, donde trabaja todas las mañanas de lunes a viernes, para que nos contara las razones de su cruzada solidaria.

La oportunidad fue propicia para que la charla derivara hacia su rica historia deportiva y de las razones por las cuales dejó las competencias en 1995 cuando todavía tenía mucho para dar.

En un alto de su sesión de gimnasio, con una sonrisa de oreja a oreja y unos ojos que transmiten mucha paz, se predispuso a hablar de su pasado deportivo y de su presente marcado por la fe cristiana.

El hecho de no tener un celular ya de por sí habla de que estamos ante un ser muy especial. “No necesito teléfono porque yo tengo línea directa con el Señor”, dice, con una voz tranquila, como para dejar bien en claro su creencia religiosa.

Al principio, cuesta que le “arranquemos” recuerdos y vivencias deportivas, pero, poco a poco, entra en ritmo, como en sus mejores épocas de fondista, y se apresta a contarnos algo de su pasado y presente.

Roberto en una sesión de gimnasio.

Adoptar Mendoza y el atletismo

“Vine a Mendoza en 1979 a pasear para ver a mi hermano (Manuel) cómo corría. Lo acompañaba en bici mientras él entrenaba. Un día de noviembre le dije ‘no te acompaño más en bici’ y el me pidió que no lo abandonara. Le contesté ‘te voy a seguir marcando el ritmo pero corriendo’. Recuerdo que la primera semana me dolía desde la cabeza hasta los pies…”, relató Roberto, en forma risueña, sus primeros pasos en el mundo del pedestrismo.

Así las cosas, el nacido en Pozo del Tala, localidad sita unos 90 kilómetros (km) al norte de la ciudad de San Luis, decidió quedarse en Mendoza, lugar que tomó como propio para practicar la pasión que descubrió: el atletismo.

Los comienzos

“En diciembre (de 1979) se corría la ‘Maratón Día del Petróleo’. Entrenaba con Manuel. Eran 7 km que partían del Parque San Martín, íbamos por Boulogne Sur Mer, Olegario V. Andrade, Paso de Los Andes, Lavalle y culminábamos en el club YPF, donde dimos una vuelta a su pista de atletismo. Terminé quinto, atrás de mi hermano”, contó con una memoria prodigiosa.

Roberto empezó entrenando con su hermano hasta que en 1980 se hizo cargo de su preparación el gran Eusebio Guiñez, personaje para él entrañable. “Era muy bueno, me enseñó y aconsejó mucho hasta 1981”, rememoró.

Sin embargo, quien lo marcó a fuego fue la entrenadora de YPF Elsa Pennesi de Gagliano, una mujer a quien describe como “muy derecha y exigente. Sus enseñanzas me sirvieron para el resto de mi vida, no sólo en lo deportivo sino en lo personal. Gracias a ella aprendí la disciplina y a ser muy autoexigente”.

Salir en El Gráfico

“Con Elsa entrené hasta 1984 porque desde 1985 empecé solo”, recordó Roberto, al tiempo que remarcó que ese año protagonizó una de las carreras que le trae más nostalgia: la Maratón Adidas de Buenos Aires donde concluyó segundo.

“La ganó Rubén Huerga, de Buenos Aires, con un tiempo de 2 horas, 25 minutos y 29 segundos. Yo concluí a 9 segundos. Fui punteando hasta el kilómetro 30, aproximadamente. No estaba acostumbrado al calor húmedo. Los pies se me ‘caldearon’ y se me llenaron de ampollas. Decidí parar, sacarme las medias para ver qué tenía. Cuando me estaba calzando de nuevo, Rubén me pasó. Le di alcance. Cuando vi el cartel de llegada me apuré. Quizás lo hubiese pasado si no le avisaban…”, relató con aún un dejo de resignación por la oportunidad perdida de alcanzar la gloria.

“Ese año –continuó– salimos en El Gráfico, que tituló ‘42 km de sangre, sudor y lágrimas’. Subí al podio descalzo y con los pies vendados. Así salí en la foto que publicó la revista” ya desaparecida que marcó varias generaciones de deportistas.

En el ’86 regresó a Buenos Aires y “volví a salir segundo con 2 horas, 22 minutos y 38 segundos. La ganó el chubutense Raimundo Manquel (2:21:10). Gracias a esta clasificación me gané el derecho de participar en la maratón de Río de Janeiro donde salí 11° (2:28:30). Me quedé un tiempo más para participar en una carrera de 6 km donde concluí tercero”.

En abril de ’87 participó del “Mundial de Maratón de Seúl donde abandoné porque tuve problemas hepáticos. En octubre corrí en Alta Gracia (Córdoba), donde gané con dos horas y 30 minutos”.

Ya embalado, como en sus mejores épocas de maratonista no lo podíamos parar y nos siguió contando anécdotas. “En el ’90 corrí los 12K de la San Silvestre donde arribé 68°. En el ’92 terminé quinto en la Maratón a Campo Traviesa de La Pampa (2:23:29). En la MIM participé en 2002 donde concluí tercero”.

Sus mejores marcas

Sin necesidad de un apunte, porque las lleva grabada a fuego en su memoria, Roberto nos contó sus mejores marcas: “1.500 metros, 4 minutos con 10 segundos; 5.000 metros, 14 minutos con 42 segundos; 10.000 metros, 30 minutos con 28 segundos; 21 km, 1 hora con 05 minutos y 30 segundos; 30 km, 1 hora con 36 minutos y 20 segundos; 42 km, 2 horas con 22 minutos y 13 segundos”.

Las razones de su retiro

Corría 1995, Roberto se preparaba para participar de la Maratón Nocturna de Malargüe, pero unos días antes le sucedió algo que le trazó su camino desde ese momento.

“Tenía una biblia –aseguró– que la abrí al azar y salió un capítulo de Timoteo que decía: ‘Está bien que te entrenes físicamente porque te sirve como tonificante y te hace un buen ser humano. Pero lo importante es que te entrenes espiritualmente que te va a servir para esta vida y la venidera’.

La verdad que me asusté porque no entendí el mensaje de Dios. En noviembre tenía la Maratón Nocturna de Malargüe. Me anoté y fui. Pero antes de la largada no se me movía un pelo. Allí entendí que Dios me necesitaba para otra cosa. Allí me di cuenta que Dios me entrenó en la perseverancia, constancia, voluntad, sacrificio y paciencia para volcar todo a la parte espiritual.

La cosa es que no largué la carrera y no me puse triste: la paz entró en mí. Empecé a ser cristiano evangelista practicante en 2005. Dejé de competir, aunque nunca dejé de entrenar porque es mi cable a tierra.”

Hoy, una de las glorias del atletismo mendocino se fijó como objetivo predicar el evangelismo.

Fotos y video: Claudio Pereyra Moos

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Claudio Pereyra Moos

Periodista por pasión, más que por profesión. Ultramaratonista de montaña que corre tras ideales: traspasar metas de carreras difíciles, trabajar por una sociedad más justa, viajar para conocer nuevos horizontes.