En el atletismo existen triunfos que se explican por una marca y otros que adquieren valor por todo lo que hay detrás. La reciente victoria de Juan Ignacio Dutari en la tercera fecha del Nacional de 10 kilómetros, disputada en Reconquista, pertenece a esa segunda categoría. El cordobés se impuso con 30m05s en una carrera táctica y exigente, superando a Bruno Álvarez (30m24s) y Nahuel Di Leva (30m31s). El resultado confirmó su gran presente, aunque su historia empezó mucho antes y lejos de las pistas profesionales.
Del fútbol al alto rendimiento
Dutari no nació dentro del atletismo. Como tantos chicos argentinos, primero fue el fútbol. “Empecé a correr en 2016, lo hice para ganar estado físico. Yo antes jugaba al fútbol. Me anoté en una carrera de calle, me gustó y me empezó a ir bien”, cuenta. Lo que empezó como una herramienta complementaria terminó siendo una vocación. Después de correr sus primeros 10K en 40 minutos, recibió una recomendación clave: buscar entrenador. “En 2017 me federé y empecé a entrenar más ordenadamente”, recuerda sobre ese giro decisivo.
Su desembarco en el atletismo competitivo fue inmediato. “Mi primer torneo fue un provincial en el que corrí 10.000 metros e hice la mínima (35.30m) para clasificar al Nacional U20”, dice. Desde entonces comenzó un proceso irregular, con avances y retrocesos, que demoró una progresión más lineal. “Tuve varios años con lesiones, con parates, iba y volvía. Eso no me dejó tener una buena continuidad”, admite. Aun así, insistió hasta encontrar estabilidad y rendimiento en los últimos años.
Hoy Dutari es protagonista tanto en la pista como en la calle. Tiene 3m45s en 1500 metros, récord cordobés, además de 8m15s en 3000, 14m16s en 5000 y 29m38s en 10K de ruta. Esos registros explican su versatilidad y también su techo deportivo. “Hace dos o tres años me volqué más al fondo, pero me siguen gustando mucho las pruebas de pista”, explica quien logra combinar velocidad, resistencia y lectura táctica.
Un atleta que trabaja y entrena solo
Nacido en Córdoba capital, se entrena entre la pista, la calle y parques de una ciudad donde el running creció fuerte entre avenidas anchas, plazas activas y el paisaje serrano siempre cerca. “Entreno en calle, en pista y en el parque, depende del trabajo que toque. Lo específico lo hago en pista y si no, por Alta Córdoba”, cuenta. En esos circuitos cotidianos se forja buena parte de un atleta que hoy se codea con la elite nacional y que todavía siente especial conexión con correr en casa, rodeado de gente conocida.
Pero la vida de Dutari no se agota en su preparación personal. Como muchos atletas argentinos, combina el alto rendimiento con trabajo diario. En su caso, además, dentro del mismo universo deportivo. “Tengo un grupo de entrenamiento que se llama Track, con más de 120 personas. Trabajo ahí junto a mi novia, que es la otra entrenadora del grupo”, explica. Coordinan clases presenciales en Córdoba y también planes a distancia, una estructura que creció mientras él seguía compitiendo.
Ese doble rol obliga a una organización minuciosa. “Meto doble turno cuatro veces por semana: martes, miércoles, jueves y viernes. Algunos sábados también. Los martes, jueves y sábados hago lo específico; los domingos, fondo”, detalla. El lunes suele ser su día más liviano, no por descanso total, sino por carga laboral. “Estoy mucho tiempo en la computadora mandando planes y también tengo la clase presencial, así que generalmente hago un trote regenerativo”, cuenta.
En esa búsqueda de rendimiento tomó una decisión poco habitual: entrenarse a sí mismo. “Soy mi propio entrenador desde el año pasado. Entreno solo. A veces coordino trotes con amigos, pero para los trabajos específicos se complica encontrar compañeros a esos ritmos”, señala. Autogestionar una preparación de elite requiere conocimiento, disciplina y una honestidad brutal para detectar errores, regular cargas y sostener la motivación sin depender de nadie más.
Las lesiones, los golpes y su fortaleza mental
Su historia, sin embargo, no se entiende sin los momentos duros. En 2018 una lesión lo dejó parado durante toda la temporada. La situación empeoró cuando recibió un diagnóstico lapidario. “Un médico me dijo que no podía correr porque tengo las piernas arqueadas. Si junto los pies, mis rodillas no se juntan. Me dijo que no podía correr más”, recuerda. La frase lo golpeó de lleno. “Fue un momento muy triste. Me replanteé andar en bici o volver al fútbol”.
No obedeció. “Por suerte no le hice caso y seguí entrenando”, resume con simpleza. Más adelante atravesó otra experiencia compleja: en 2022 estuvo internado un mes en un neuropsiquiátrico. Lo relata sin rodeos, como parte de una historia real y no edulcorada. “Todos los bajones y malos momentos me fueron haciendo más fuerte. Me dieron herramientas para situaciones difíciles, tanto en el deporte como en la vida”, asegura. Allí aparece una de sus mayores fortalezas: transformar la adversidad en impulso.
Como ganó en Reconquista
Esa madurez también se refleja en la forma de competir. En Reconquista no ganó por impulso, sino por inteligencia. “Sabía que éramos cuatro candidatos. Por el calor no era un día para salir fuerte. Tiré yo el primer kilómetro y después fui viendo qué hacían los demás”, cuenta. La prueba se mantuvo agrupada durante varios kilómetros, con Alan Niestroj, Bruno Álvarez y Nahuel Di Leva en la conversación principal.
Cuando la carrera entró en su zona decisiva, Dutari leyó mejor que el resto el desgaste ajeno. “Después del kilómetro cinco fuimos juntos con Álvarez y Di Leva. Yo me sentía bien y mejor en la segunda mitad. A Álvarez lo veía un poco más exigido”, explica. Entonces atacó donde suelen definirse estas pruebas. “En el kilómetro ocho pegué un pequeño cambio de ritmo. Vi que no respondieron y empecé a apretar”. El movimiento fue quirúrgico y definitivo.
El cierre todavía tenía un incentivo extra: un premio económico para quien bajara de 30m15s. “Los últimos 500 metros apreté como loco para poder bajarlos. El último kilómetro me quedó en 2m47s y creo que ahí hice la diferencia final”, dice. Además del reloj, se llevó una experiencia emocional especial. “La disfruté mucho. Fue increíble la cantidad de personas en la calle. Nunca me había pasado una carrera así”, agrega sobre el clima vivido en Reconquista.
La pista, la calle y sus próximos objetivos
Cuando habla de preferencias deportivas, no elige un solo terreno. “La pista me gusta porque podés buscar tiempos exactos. Pero la calle se disfruta mucho por el ambiente, la gente y el contexto”, compara. Esa síntesis lo define bastante bien: un atleta obsesionado con las marcas, pero también sensible a lo que rodea cada carrera. Por eso le gusta tanto competir en Córdoba, allí, mientras marcha hacia la meta, escucha su nombre, algún desconocido lo menciona desde la vereda para darle aliento.
También tiene muy claro hacia dónde apunta. “En 10K quiero bajar 29m30s o 29m20s. En 5000 quiero acercarme lo más posible a los 14 minutos. En 1500 me gustaría correr 3m43s y en 3000 bajar de 8 minutos”, proyecta. No habla desde la fantasía sino desde la cercanía real con esos registros. “No estoy muy lejos. Es cuestión de que acompañe el contexto y se den las carreras”, explica con precisión de corredor experimentado.
Antes de competir, asegura, no siente presión externa. “Nervios sí, porque significa que importa. Pero presión no siento. No le tengo que rendir cuentas a nadie. Lo hago por mí mismo y porque me gusta”, dice. La frase pinta a un deportista enfocado, consciente de que el rendimiento no define su valor personal y de que una mala tarde también forma parte del juego.
Para lo que viene, su objetivo principal está marcado en rojo. “Quiero clasificar a los Juegos Suramericanos de Santa Fe en septiembre, ya sea en 1500 o en 5000”, afirma. Más allá de eso, sostiene un deseo de fondo que excede cualquier podio. “Me gustaría llegar a mi máximo rendimiento, no guardarme nada”. Luego suma otros sueños: meterse entre los mejores rankings históricos del país y, si se abre la puerta, vestir la camiseta argentina.
En un deporte donde muchas veces se corre con escasos recursos y enorme esfuerzo personal, Dutari encarna una versión profundamente argentina del alto rendimiento: trabaja, entrena, enseña, se organiza solo y sigue compitiendo al máximo nivel. Ganó en Reconquista, sí. Pero su mayor victoria acaso sea otra: cuando le dijeron que no podía seguir, eligió correr igual.




