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“Correr nos hace seres de luz”

Virginia Coquet es una chica que vive para el running. En una entrevista intimista, le pedimos a esta rosarina, “leprosa” de alma poseedora de unas piernas que protagonizaron 17 maratones -muchas internacionales-, que nos abriera el corazón para que nos cuente cómo es la vida de una mujer que, literalmente, corre tras sus sueños.
Virginia Coquet.

“Virgi”, tal como la llaman sus amigos, tiene una vida ligada al deporte, un sano hábito que aprendió de sus progenitores, especialmente de su padre cuando, siendo niña y adolescente, la llevaba los fines de semana a los partidos de hockey sobre césped del barrio rosarino de Fisherton.

“Mi papá me ‘coucheaba’ porque, la verdad, en mi equipo éramos bastante malas, pero nos decía que teníamos que poner ovarios y nos empujaba para que no nos rindiéramos”, relata nostálgica.

Sin embargo, repentinamente, la vida le dio un sopapo grandísimo cuando su viejo falleció y, lógicamente, se puso muy mal a sus jóvenes 16 años. “Me bajoneaba no verlo en los partidos así que abandoné”, nos dice al borde del llanto, con una tristeza que se nota aún en diálogo por WhatsApp.

Como buena rosarina, Virginia ama el fútbol, es «leprosa» de alma y rinde pleitesía a su ídolo Messi.

Resurgir de las cenizas

Pero esta chica, oriunda de Funes -ciudad perteneciente al Gran Rosario-, como un árbol que crece derecho y fuerte por el tutor que le ponen de joven, no podía olvidarse fácilmente de sus raíces deportivas inculcadas durante su niñez.

Así fue que a los 22 años empezó a ir a un gimnasio donde, casi por casualidad, empezó a hacer cinta. En ese momento nació -quizás sin saberlo- una pasión. “Corría y corría en la cinta hasta que una amiga me dijo: ‘dejá eso y vení a correr al aire libre por Funes’”.

Funes es una ciudad muy bella, plena de verde, a tal punto que le dicen el “Jardín de Santa Fe”, característica que la convierten en un lugar idílico para que se declare un amor, en este caso por el running.

“Desde que salí con mi amiga aquella vez, no dejé más de correr”, dice orgullosa. Y comienza a relatar con entusiasmo sus principios en el pedestrismo. “Eso fue en junio o julio y ahí nomás vino mi primera carrera: fueron 10K en el puente Rosario-Victoria. Una bestialidad porque generalmente se empieza con menos kilómetros. Después vinieron los primeros 21K. Sin entrenador, sin nada, una locura, ¡hasta salía a correr con el buzo puesto!”, relata con mucho humor al referirse a las “inconsciencias” que cometen casi todos los runners en sus inicios.

Virginia corriendo en las calles de Funes, ciudad de donde es oriunda y donde nació su pasión por el running.

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El running es un deporte individual. Sin embargo, te lleva a encontrarte con gente que comparte tu misma locura. Y de ahí nacen amistades profundas.

El caso de Virginia no fue la excepción ya que se cruzó con amigos que la fueron ayudando cuando era una inexperta. “El running es un deporte individual pero una sola no llega a ningún lado, por eso te enriquecés del otro y el otro se enriquece de vos. Eso es lo más lindo que tiene, ¡el compartir!”.

El running es un deporte donde Virginia encontró muchas amistades.

Los 42K, y algo más

Durante los primeros pasos en el arte del trote, ni loca se le cruzaba por la cabeza ser protagonista de una maratón porque -consideraba- “no era sano correr tanto”. Sin embargo, la chispa ya había encendido la mecha y la legendaria prueba estaba al caer…

“Mis primeros 42K fueron los del maratón de Rosario 2012, con 24 años ¡Una hermosura! Cada llegada de un maratón es una caricia al alma, pero los primeros 42K son inolvidables”, rememora ese momento como si lo estuviera viviendo ahora mismo.

“Luego -continúa embalada- empecé a laburar para pagarme mis carreras y me pregunté ‘¿y si voy a Mar del Plata?’ y salió mi segundo maratón. Después dije ‘¿y si voy a Mendoza’’ y salió el tercero, tras escaparme de mi casa… Después vinieron Río de Janeiro, París, Roma, Uruguay. Empecé a encontrar personas que están más del mate que yo y empecé a viajar mucho”.

Haciendo un breve racconto, nuestra entrevistada señala que ya corrió 17 maratones -algunos de montaña como el K42 de Villa La Angostura y los 42K de Aconcagua Trail-, más dos ultra maratones en 2022, los 78K de la Huerta Grande y los 70K de la Patagonia Run. “Me encanta la calle, pero empecé a alternar con la montaña porque me fascina correr donde sea, con quien sea y a la hora que sea. Me gusta ensuciarme, embarrarme…”, remarca. También exalta la figura de su mamá, que la acompaña en muchas de sus aventuras y que también le inculcó de niña el amor por el deporte, y a su actual entrenador, Sebastián Perini.

Virginia tras correr el maratón de París.

Una forma de vida

La rosarina destaca que el running no es solamente correr una competencia sino todo el proceso que se lleva a cabo para llegar a ella. Resalta que desde que se abraza la pasión del trote se “vive para correr, se trabaja para correr. En definitiva, se organiza el año para correr en el medio del trabajo y del estudio”.

La traducimos en “idioma runner”, el running es una forma de vida…

Siempre con el deporte

Virginia vive para correr, pero eso no significa que no tenga una vida académica y laboral.

Hace unos años, se mudó a Rosario para estudiar Administración de Empresas en la UCA (Universidad Católica Argentina) y una vez que encaminó sus estudios regresó a Funes para trabajar, siempre ligada al deporte, mientras prepara sus últimas materias para recibirse.

Trabaja en una productora de eventos paradise que tiene una liga de fútbol en Funes, aunque no se olvida de señalar que antes lo hizo en el club de rugby Atlético de Rosario “que me ayudó mucho con mis entrenamientos de running”.

Es meticulosa en subrayar que ella trabaja y trabajará siempre vinculada al deporte y al aire libre porque “no quiero saber nada con oficinas”.

Su refugio

La charla va llegando a su final, por lo que le preguntamos si próximamente tiene algún objetivo trascendente y nos larga -como si nada- que se está entrenando para correr en Alemania el maratón de Berlín, que se llevará a cabo el 24 de septiembre.

Ahora sí, llega la inevitable despedida, por lo que no queremos desaprovechar el momento para que nos defina qué es para ella el running: “Para mí, correr es un refugio de los problemas que tuve en la vida, porque a todos nos pasan cosas… Correr es el momento en el que estoy conectada conmigo misma… Correr es una pasión, es un amor… Siempre les digo a todos que tengan una pasión, un amor. El amor es lo que nos hace seres de luz, así que cuando uno enciende eso nos motiva a estar vivos… Todo eso, es correr para mí”.

Virginia corriendo los 42K de Aconcagua Trail.

Fotos: gentileza Virginia Coquet.

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Claudio Pereyra Moos

Periodista por pasión, más que por profesión. Ultramaratonista de montaña que corre tras ideales: traspasar metas de carreras difíciles, trabajar por una sociedad más justa, viajar para conocer nuevos horizontes.