A más de 2.400 metros sobre el nivel del mar, entre las montañas de los Valles Calchaquíes y el paisaje característico del norte salteño, Cachi se ha convertido en uno de los escenarios elegidos por atletas argentinos para realizar sus preparaciones en altura. Su ubicación geográfica y la infraestructura de su Centro de Entrenamiento ofrecen condiciones particulares para quienes buscan incorporar este estímulo a la planificación deportiva antes de afrontar competencias importantes.
La localidad salteña recibe cada temporada a deportistas de distintas provincias que encuentran allí un entorno adecuado para trabajar sobre su capacidad aeróbica y adaptarse a una menor disponibilidad de oxígeno. La preparación en altura, sin embargo, no consiste simplemente en entrenar más fuerte: requiere planificación, seguimiento y ajustes individuales, porque el esfuerzo que demanda una misma intensidad puede ser diferente al que se experimenta a nivel del mar.
En ese contexto, entre el 1 y el 22 de octubre, las jóvenes mediofondistas argentinas Irene Saray Pernía y Zoe Gorsky realizaron su primera concentración de estas características en el Centro de Entrenamiento en Altura de Cachi. El objetivo era llegar en las mejores condiciones posibles a los Juegos Olímpicos de la Juventud Dakar 2026, donde Irene competirá en los 1.500 metros y Zoe en los 3.000.
La preparación tuvo un componente técnico compartido y, al mismo tiempo, un trabajo individualizado. Ariana Urfini, entrenadora de Zoe y designada como entrenadora y oficial de la delegación argentina para los Juegos, llevó adelante el proceso junto a Marcelo Micchia, entrenador de Irene. La coordinación general estuvo a cargo de Martín Méndez, con la supervisión de Omar Da Silva, Director Técnico Nacional de Desarrollo de la Confederación Argentina de Atletismo (CADA).
Urfini conoce de cerca el recorrido de Zoe y entiende que una experiencia de este tipo representa una oportunidad deportiva, pero también formativa. Por eso, al explicar los objetivos de la concentración, puso en primer plano dos dimensiones que atravesaron todo el trabajo: las adaptaciones fisiológicas buscadas mediante la altura y el aprendizaje de convivir durante varias semanas con las exigencias de una preparación de alto rendimiento.
“Buscamos aprovechar el estímulo de la altura, donde la menor disponibilidad de oxígeno genera adaptaciones fisiológicas que pueden favorecer la capacidad aeróbica y el transporte de oxígeno. Pero también era la primera vez que las chicas pasaban tantos días fuera de casa, conviviendo y organizando su vida alrededor del deporte. Poder concentrarse, alejarse un poco del ruido externo y aprender a manejar sus rutinas también fue parte del objetivo”, explicó.
Tres semanas, tres etapas y un trabajo individualizado
La planificación se organizó en tres semanas, con objetivos diferenciados: “Con Marcelo Micchia organizamos tres semanas: adaptación, mayor estímulo y una última de reducción de cargas. Cada uno ajustó los trabajos según las características de su atleta, porque en altura los mismos ritmos implican un esfuerzo mayor que a nivel del mar”, detalló.
La individualización fue importante también por las diferencias entre las pruebas para las que se preparaban. Irene tiene como objetivo los 1.500 metros, mientras que Zoe afrontará los 3.000. Aunque compartieron buena parte de la dinámica de entrenamiento, los estímulos y las prioridades técnicas se adaptaron a las necesidades de cada una.
En el caso de Zoe, el trabajo estuvo orientado a mejorar la economía de carrera, la gestualidad técnica y la capacidad de sostener ritmos elevados. Para eso incorporaron ejercicios específicos, conocidos como drills, además de tareas con vallas, conos, movilidad y fortalecimiento de tobillos.
La elección de los terrenos también respondió a una decisión metodológica. Se priorizaron la pista y las superficies planas, evitando agregar desniveles que incrementaran innecesariamente la exigencia. “La altura ya nos generaba una exigencia fisiológica importante, por lo que buscamos evitar sumar desniveles y riesgos innecesarios estando tan cerca de una competencia”, señaló.
La preparación incluyó además un componente táctico. Los entrenamientos fueron utilizados para plantear situaciones que pueden aparecer durante una carrera y ofrecerles herramientas para resolverlas. La intención no era solamente repetir ritmos o movimientos, sino favorecer que las atletas pudieran tomar decisiones y desenvolverse con mayor autonomía en la competencia.
La recuperación también forma parte del entrenamiento
Uno de los aspectos que Ariana destacó es la necesidad de comprender el entrenamiento como un proceso integral. El rendimiento no depende exclusivamente de las sesiones de pista o de la intensidad de los trabajos: también intervienen el descanso, la hidratación, la alimentación y la recuperación.
“Para mí es fundamental entender que son adolescentes y respetar sus etapas de desarrollo. El alto rendimiento no pasa solamente por entrenar, también por cómo descansan, cómo se hidratan, qué eligen comer y cómo se recuperan”, sostuvo.
La concentración permitió reforzar hábitos que, según la entrenadora, las dos atletas ya tenían incorporados. “Aprender a escuchar el cuerpo, reconocer cuándo está preparado para exigirse y cuándo necesita recuperarse. Como entrenadora, no miro solamente los ritmos o los resultados, sino cómo responde cada atleta a las cargas”, añadió.
En ese sentido, la recuperación tuvo un espacio específico durante la estadía. Ariana contó que el hotel Macal les permitió pasar una jornada en sus instalaciones, donde las atletas pudieron utilizar especialmente la pileta para realizar crioterapia y disponer de botas de compresión, recursos orientados a acompañar los procesos de recuperación muscular.
La mirada de Urfini sobre este aspecto también está vinculada con su formación reciente. Este año obtuvo el título de Máster en Entrenamiento de Alto Rendimiento Deportivo en la Escuela Universitaria del Real Madrid, una experiencia que le permitió profundizar conocimientos y compartir espacios de formación con profesionales de distintas disciplinas.
“Una de las cosas más enriquecedoras del máster fue compartir la formación con profesionales de distintos deportes y áreas: médicos, kinesiólogos, nutricionistas, preparadores físicos y entrenadores. Conocer cómo trabajan en otros deportes y escuchar diferentes miradas me aportó muchísimo”, relató.
Entre los contenidos que destacó aparecen la planificación, el control de las cargas, la tecnología aplicada al rendimiento y la importancia de integrar la recuperación al proceso de entrenamiento. Algunos de esos conocimientos pudieron trasladarse directamente a la preparación de Zoe.
Antes de viajar, realizaron junto al doctor Darío Souto una evaluación de VO₂máx para individualizar mejor sus zonas de trabajo. Durante la concentración, esos datos fueron relacionados con la frecuencia cardíaca, su variabilidad y las sensaciones de la atleta, información que permitió orientar las decisiones sobre las cargas.
“Creo que uno de los mayores aprendizajes fue entender que el alto rendimiento necesita de un trabajo interdisciplinario. La tecnología nos aporta información, pero hay que saber interpretarla, escuchar a los profesionales y, sobre todo, entender a la atleta que tenemos adelante”, afirmó.
Un equipo que también se construye fuera de la pista
La convivencia fue otro degli objetivos centrales. Para las dos jóvenes, la experiencia implicó permanecer varias semanas fuera de sus hogares, compartir rutinas y organizar buena parte de su vida cotidiana alrededor del entrenamiento.
Desde lo psicológico, Urfini consideró que lo más importante fue construir un vínculo de acompañamiento, sin convertir la concentración en una competencia entre ellas. “No buscamos que compitieran entre ellas, sino que se acompañaran, construyeran confianza y se sintieran parte de un equipo. Están por vivir una experiencia muy importante, con muchas emociones y exigencias, y ese vínculo que construyeron puede ser una gran fortaleza para las dos”, destacó.
Dakar, el resultado y todo lo que queda por delante
Al realizar el balance de la concentración, Ariana se mostró satisfecha. Las atletas respondieron de acuerdo con lo planificado y el equipo pudo completar las tres semanas de trabajo. Ahora, la preparación entra en su etapa final, con una reducción de las cargas que busca conservar la calidad de los entrenamientos y recuperar frescura para la competencia.
“El balance es muy positivo. Pudimos cumplir con lo que habíamos planificado y las chicas respondieron muy bien. Ahora estamos en la etapa final de puesta a punto, donde buscamos reducir las cargas, mantener la calidad y recuperar frescura para llegar de la mejor manera a la competencia”, resumió.
La entrenadora reconoció la importancia de que Irene y Zoe puedan tener una gran actuación en Senegal, pero no quiere que el balance de todo este proceso quede limitado a una marca o una posición final.
“Creo que estas tres semanas fueron una ganancia enorme para su desarrollo. Aprendieron, compartieron, se acompañaron y pudieron vivir de una manera más cercana lo que implica el alto rendimiento, sin dejar de lado sus responsabilidades y su vida de adolescentes”, afirmó.
La concentración en Cachi fue posible también por el acompañamiento de las familias y el apoyo del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD), a través del Programa DAR, junto con la gestión del Área de Desarrollo de la CADA. Ariana destaca especialmente el trabajo de Omar Da Silva y Martín Méndez, quien acompañó el proceso como coordinador.
Para las dos atletas, Dakar será una oportunidad de medirse en el escenario olímpico juvenil. Para sus entrenadores, el desafío inmediato será que lleguen a esa cita en las mejores condiciones principales. Pero, detrás de la búsqueda de marcas y resultados, hay un proceso más amplio: aprender a entrenar, a recuperarse, a convivir y a comprender las exigencias del deporte de alto rendimiento.
Desde la mirada de Ariana Urfini, este fue uno de los principales logros de estas semanas en Salta. La altura ofreció el estímulo fisiológico; la planificación, el orden para aprovecharlo; y la convivencia, una experiencia que las jóvenes atletas llevarán consigo mucho más allá de la competencia en Senegal.

