Hay atletas que corren con las piernas; otras, las elegidas, lo hacen con el corazón y una cabeza de hierro. Lorena Cuello pertenece, sin dudas, a este segundo grupo. Tras consagrarse campeona argentina de Media Maratón en los exigentes 21K de A Pampa Traviesa el pasado 19 de abril, «Lore» no se conformó. Fiel a su espíritu competitivo y buscando siempre derribar barreras, decidió dar el gran salto a la distancia madre del fondo de calle: los 42 kilómetros.
El escenario elegido fue la prestigiosa Maratón de Rosario, y el resultado fue, sencillamente, brillante. La alvearense subió al podio con un imponente tercer puesto cronometrando 2 horas, 49 minutos y 51 segundos. Una marca de elite para su debut absoluto. Sin embargo, detrás de ese número y de la medalla, se esconde una historia de resiliencia absoluta, de lucha contra las lesiones, la soledad de la ruta y la falta de apoyo económico en un contexto complejo.
En Mendoza Corre dialogamos con ella. Lo que inicialmente iba a ser un testimonio para la crónica de la carrera se transformó en una lección de vida tan enriquecedora que nos obligó a dedicarle este espacio exclusivo a la mejor fondista que hoy tiene nuestra provincia.
La batalla de Rosario: contra el reloj, la soledad y el clima
– Lore, contame cómo fue el desarrollo de tu carrera; cómo te sentiste y qué vas a correr después de tu recuperación.
– Bueno, la carrera la verdad que hermosa. Me sentí súper bien, me sentí muy bien prácticamente en todo el recorrido. La primera mitad traté de cumplir con el ritmo que tenía programado y quizás un poquito más arriba me fui. Traté, ya que me sentía bien, de meterle un poco más pero sin salirme de la zona.
La segunda mitad iba bastante bien, solo que a mí me pasó que no me pude enganchar con ningún grupo. O sea, corrí creo que en la primera mitad, en algún momento habré corrido con alguien que tenía más o menos el mismo ritmo, pero después, a partir del kilómetro 17, me quedé muy sola, muy sola. Alrededor del kilómetro 30 en adelante, el clima cambió rotundamente: se largó un viento fortísimo y llovió, hubo tormenta. Calculo que ahí esa parte se me hizo más dura porque iba sola y con el viento en contra, había unas ráfagas bastante fuertes. Ahí me costó un poco más. No se me cayó tanto el ritmo pero sí lo sufrí un poco más. Pero la verdad que las sensaciones fueron muy buenas y estoy contenta por el ritmo que pude mantener en el debut. El promedio general me dio 4:00 por kilómetro; la primera mitad la pasé más rápido (a 3:55 o 3:56) y en la segunda se me fueron un poco los ritmos en los últimos kilómetros cuando me agarró el viento. Pero bien, la verdad que bastante bien.
El futuro: paso a paso en el camino de los 42K
– Ya sos maratonista. ¿En qué medida vas a transitar este camino? ¿Tenés algún objetivo especial con esta distancia?
– ¡Ya suficiente por este año! (sonríe con un dejo de picardía). En maratón recién pensaré para el año que viene; este año seguiré con la cabeza en los 10K y algún que otro 21K.
– ¿Tenés alguna carrera en especial en lo que queda del año? ¿Buscarás alguna marca? ¿El año que viene probás con otros 42K?
– Este año me gustaría estar presente en los 10K de San Isidro para buscar mi mejor marca en esta distancia. Y para el año que viene, me encantaría correr el Maratón de Buenos Aires.
“No hay techo”
– ¿Cuál es tu techo, Lore?
– (Nuevamente sonríe con picardía de runner) No hay techo. Siempre intento apuntar a hacerlo lo mejor que se pueda y, después, seguir mejorando. La idea es competir conmigo misma, vencer a la cabeza cuando cree que no podés. Voy superándome, haciendo lo que antes creía tan lejano, viviendo experiencias nuevas, conociéndome cada vez más. Donde antes creía que había un límite, ahora voy viendo que yo misma me ponía los límites; en realidad, se podía un poco más.
El año pasado para esta fecha estaba sin poder correr, con cero estado físico, nada de musculatura debido a una dura lesión. Veía tan lejano correr un maratón a 4’ el mil… y el domingo lo hice, corriendo sola casi toda la carrera. Estoy feliz por eso, porque hay mucho detrás: esfuerzo y gente que empuja con uno.
Acompañada o en la más absoluta soledad frente al viento y la tormenta de la ruta, Lorena Cuello demostró que su motor es interno. Hay campeona para rato y el atletismo mendocino lo celebra. ¡Salud, maratonista!



