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Cóndor ciego…

“Pensé que lo más atinado, por seguridad, era abandonar. Sin embargo soy muy obstinado, me cuesta renunciar y tengo un espíritu muy competitivo, por lo que decidí seguir… La mayor parte de la carrera la hice casi a ciegas, distinguiendo únicamente siluetas…Fue una victoria muy especial…”
Los conceptos pertenecen a Pablo Ureta, quien los desgranó a lo largo de una charla -vía telefónica- que mantuvo ayer con Mendoza Corre, luego de ganar la segunda edición de la Kumen Ultra Trail, la carrera de montaña de 70K que se realizó el domingo en el Parque Provincial Aconcagua, que llegó a Plaza Francia (4.300 msnm) y tuvo más de 2.000 metros de desnivel positivo (click acá para ver la crónica).

Pablo Ureta en el descenso desde Plaza Francia. A esa altura ya no veía nada…
“Sólo veía siluetas…”
Lo del cordobés fue realmente increíble, acostumbrado a correr sin anteojos obscuros que lo protejan del sol, como todos, largó la competencia a la 5 de la mañana desde Penitentes, cuando un cielo límpido dejaba ver las estrellas y la única iluminación natural era la de la luna.
Sin embargo, ahí nomás clareó y, a la altura de Confluencia (3.400 msnm) con sólo  20K de carrera, empezó a tener problemas con la vista. La razón: una incipiente queratitis empezó a molestarlo ya que la fuerza de los rayos solares en alta montaña, más el viento, empezó a afectarle los ojos.
Conforme los kilómetros pasaban e iba ganando altura, la patología empeoraba ya que cada vez veía más borroso. Las causas: el viento frío no amainaba y, principalmente, el reflejo de la luz del sol en la nieve le afectaron las córneas. El cuadro de fotoqueratitis o “ceguera de la nieve” ya era una realidad.
El problema se agudizaba y él se preocupaba más ya que nunca le había pasado algo igual y no tenía idea qué era lo que estaba sufriendo. “Sólo veía siluetas, pensé que podía tener arena en los ojos…”, conjeturó. Cuando llegó a Plaza Francia preguntó si tenía algo. Como no le detectaron ninguna basura decidió seguir…

Pablo en otro exigente descenso.

Velocidad, golpes y camaradería

Luego del retome en Francia, bajó a pura velocidad… ¡y golpes! “Es que -afirmó-, no podía distinguir las piedras del camino”, por lo que tropezaba seguido y caía… Ante ello, decidió correr “levantando bien las piernas. Además me pegué a los chicos con los que compartía la carrera.”
Los corredores a los que hace referencia son Adrián Gutiérrez y Maximiliano Barreira, los que a la postre terminarían siendo segundo y tercero de la general, respectivamente. “A ambos estoy muy agradecido porque son unos caballeros que me ayudaron cuando
lo necesité. Más allá de que estábamos compitiendo, primó la camaradería de montaña”, destacó.
¿Seguir o no seguir?, esa es la cuestión
Luego de la frenética bajada junto a Gutiérrez y Barreira, antes de llegar a la Quebrada de Vargas, aproximadamente a la altura del kilómetro 50 del circuito, los médicos de la organización le pusieron unas gotas en los ojos y lo tranquilizaron aclarándole que no iba a quedar ciego, que en uno, o a lo sumo, dos días volvería a ver con normalidad.
“En ese momento le dije a los chicos que siguieran. Habré perdido unos 10 minutos mientras me atendían los médicos. Pensé que lo más atinado, por seguridad, era abandonar. Sin embargo, soy muy obstinado, me cuesta renunciar y tengo un espíritu muy competitivo, por lo que decidí seguir…”
Así las cosas, a pesar de pensar que “la carrera estaba perdida”, decidió subir por la Quebrada de Vargas a toda velocidad. Cuando arribaba al punto más alto, en el retome, vio que sus camaradas y competidores no estaban lejos, por lo que decidió imprimir en la bajada más velocidad. Durante el descenso “me habré caído como siete veces. Salí de la quebrada, ya faltando tres o cuatro kilómetros, pude superar a los chicos y a dos o tres kilómetros, a la altura de unas vías, pude sacar ventaja y llegar a la meta en el primer lugar”.
“Victoria increíble”
Pablo destaca que en las cerca de 500 carreras de trail que disputó “nunca me había pasado algo igual. Fue una victoria increíble. Estoy muy agradecido a la organización de la carrera, la verdad que es un equipo excelente. También vuelvo a destacar la camaradería de Adrián y Maximiliano”.

Pablo supera feliz la meta.
Pasado y futuro
Pablo es nacido en Argentina, más precisamente en Córdoba, pero tiene la nacionalidad Suiza, donde cursó la universidad. Allí se recibió de “Bachelor en gestión d’enterprise”, o licenciado en “gerenciamiento empresarial”, e hizo un “Master en Management”.
Gracias a sus antepasados pudo adquirir la nacionalidad del país helvético, donde vivió, desde 1998, durante 14 años, hasta que concluyó sus estudios universitarios. No obstante viaja seguido a la tierra de los relojes y chocolates ya que tiene planificado organizar allí un ultra trail, más precisamente en la frontera con Italia.
Es que comparte su pasión por el trote en la montaña con la organización de carreras. En Argentina tiene dos, ambas en Córdoba: en julio, en Uritorco, la Turmalina Ultra Trail (click acá para acceder a su web) y, en noviembre, en Huerta Grande, la Columbia Xtreme Race (click acá para acceder a su web).
Parece que el espíritu inquieto que aplica el suizo-argentino cuando participa en las carreras también lo usa para emprender negocios originales: como si fuera poco, además de estar organizando un trail en Suiza, está en búsqueda de los permisos necesarios para llevar a cabo otro en Hawai, EEUU.
Pablo es uno de los trail runners más destacados de Argentina, con un pasado en el triatlón. En su primera juventud corrió varios en Mendoza y este año participará por décima cuarta vez en el Iron Man de Hawai.
En este sentido, destacó que corrió “varios triatlones Vendimia en Mendoza y me gustaba mucho. Desde que empecé en el mundo del trail, tenía la cuenta pendiente de correr en estas montañas. Gracias a la invitación de Osky Tello (uno de los organizadores de Kumen Ultra Trail) este año pude hacer realidad mi sueño. El año que viene con Israel (Escudero) tenemos pensado hacer cumbre en el Aconcagua y entrenar en la altura para volver a correr la Kumen”.
¡Cuidado con el autocuidado!
Lo que le pasó a Pablo Ureta en la Kumen Ultra Trail debe ser una advertencia para los corredores de montaña aficionados: la primera medida de seguridad que deben tener en cuenta son las normas de autocuidado personal.
En este espacio siempre exigimos que los trails deben ser seguros ya que -sostenemos- el ultramaratonismo de montaña es una actividad de riesgo.
Sin embargo, con el mismo énfasis sostenemos que la seguridad empieza por casa: más allá de las medidas preventivas de las organizaciones de trails, el corredor debe saber cuidarse y ser responsable.
Así las cosas, a la hora de largar, nunca debe faltarle en la mochila agua suficiente, alimentos, un botiquín de primeros auxilios, ropa de abrigo adecuada a la montaña, gorra o buff, protector solar, anteojos oscuros…
Por último: hay que saber hasta dónde se llega y, si es necesario, aunque sea doloroso, hay que dar un paso al costado cuando las condiciones de salud no son las adecuadas.
Los atletas aficionados somos sólo eso y no podemos ponernos  a la altura de un elite, como Pablo Ureta. Las montañas no se van, por lo que si fracasamos en un desafío, lo podremos superar al año siguiente.
¡Cuidado con el autocuidado!

Carreras tan exigentes como la Kumen Ultra Trail deben ser tomadas con mucho cuidado por parte de los trail runners aficionados.

Fotos: gentileza Diego Winitzky y Kumen Ultra Trail
Facebook: Fan Page Mendoza Corre (clikc acá para acceder)
Twitter: @mendozacorreok (click  acá para acceder)

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Claudio Pereyra Moos

Periodista por pasión, más que por profesión. Ultramaratonista de montaña que corre tras ideales: traspasar metas de carreras difíciles, trabajar por una sociedad más justa, viajar para conocer nuevos horizontes.