Hay experiencias que modifican la manera de entender el deporte, incluso antes de que sus resultados puedan medirse en una pista. Para Irene Saray Pernía y Zoe Gorsky, las tres semanas que compartieron en Cachi, Salta, forman parte de ese recorrido. Entre el 1 y el 22 de octubre, las dos jóvenes mediofondistas argentinas realizaron allí su primera concentración de entrenamiento en altura, una etapa diferente en sus carreras que tuvo como horizonte los Juegos Olímpicos de la Juventud Dakar 2026.
En los Valles Calchaquíes, lejos de sus hogares y de sus rutinas habituales, encontraron un escenario para profundizar la preparación, adaptarse a nuevas exigencias y compartir una experiencia que también tuvo un componente formativo. No se trataba simplemente de entrenar más, sino de hacerlo con objetivos definidos, respetando las particularidades de cada atleta y de las distancias que afrontarán en Senegal.
La planificación contempló tres etapas: una primera de adaptación, otra de mayor estímulo y una última de reducción de las cargas para llegar con frescura a la competencia. El trabajo fue coordinado por Martín Méndez, con la participación de Marcelo Micchia, entrenador de Irene, y Ariana Urfini, entrenadora de Zoe, bajo la supervisión de Omar Da Silva, de la Confederación Argentina de Atletismo (CADA).
El campamento contó con el acompañamiento del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD), mediante el Programa DAR. Fue el último tramo de una temporada intensa, con competencias nacionales e internacionales, marcas personales y aprendizajes que ahora tendrán una nueva medida en el escenario olímpico juvenil.
Irene competirá en los 1.500 metros, distancia en la que consiguió su clasificación con 4:29.46. Zoe lo hará en los 3.000, prueba en la que registró 9:34.31. Dos especialidades que exigen combinar resistencia, velocidad, administración del esfuerzo y capacidad para resolver las distintas situaciones que presenta una carrera.
Dos caminos que llegan a Dakar
La historia de Irene Pernía con el atletismo comenzó cuando tenía alrededor de siete años. Su mamá se enteró de una carrera organizada por la agrupación que actualmente representa y la invitó a participar. Irene se define como una chica extrovertida y no necesitó demasiados argumentos para aceptar.
La experiencia le gustó. Después descubrieron que había una pista de atletismo y comenzaron a acercarse a ese espacio. No hubo una decisión trascendental ni un proyecto deportivo definido desde el comienzo. Fue una actividad que se incorporó a su vida y que, con el paso de los años, terminó convirtiéndose en el deporte al que siempre quiso volver.
Dakar aparecía entre los objetivos que compartía con su entrenador, pero no era una posibilidad que sintiera cercana. Su atención estaba puesta en las competencias que tenía por delante, en mejorar sus registros y en continuar progresando. Por eso, cuando recibió la noticia de su clasificación, la sorpresa fue inevitable.
“Realmente enterarme de esta clasificación fue algo como irreal. No me lo imaginaba”, recuerda.
El pasaje llegó el 9 de mayo, durante el Campeonato Argentino U20 disputado en Rosario. Allí registró 4:29.46 en los 1.500 metros, su mejor marca personal en la distancia y el resultado que le permitió asegurar su lugar en la cita olímpica.
La temporada también mostró una atleta capaz de desenvolverse en distintas especialidades. Irene consiguió 2:11.42 en los 800 metros, 9:35.04 en los 3.000 y 17:23.21 en los 5.000. Además, participó en los Juegos Sudamericanos de la Juventud de Panamá y en el Campeonato Iberoamericano U20 de Lima, dos experiencias internacionales que ampliaron su recorrido competitivo.
En Zoe Gorsky, los registros también permiten observar una progresión sostenida. Su clasificación llegó con los 9:34.31 en los 3.000 metros, conseguidos el 8 de febrero en la pista Justo Román de Mar del Plata.
Sin embargo, uno de los momentos destacados de su año se produjo en Panamá. Durante los Juegos Sudamericanos de la Juventud, el 22 de abril, registró 4:27.84 en los 1.500 metros, su mejor marca personal en esa distancia. Tres días después volvió a competir en los 3.000, donde consiguió 9:38.71.
Su calendario continuó con participaciones en torneos nacionales y el Campeonato Argentino U18 de Venado Tuerto, donde registró 9:42.37 en los 3.000 metros. Una temporada que le permitió sumar experiencia en diferentes escenarios y consolidar su presencia en el mediofondo juvenil.
Cachi: la altura, la técnica y el trabajo que no se ve
La concentración en Salta representó para ambas una experiencia inédita. La menor disponibilidad de oxígeno propia de la altura les planteó exigencias fisiológicas diferentes las del entrenamiento habitual y obliga a adaptar los ritmos y las cargas. Por eso, la planificación no consistió en trasladar a la montaña los mismos trabajos que realizarían a nivel del mar.
Antes de viajar, en el caso de Zoe, realizó una evaluación de VO₂máx junto al doctor Darío Souto, con el propósito de individualizar las zonas de entrenamiento. Durante la concentración, esos datos se complementaron con el seguimiento de la frecuencia cardíaca, su variabilidad y las sensaciones de cada deportista. La información permitió ajustar las exigencias y observar cómo respondían al trabajo.
También se establecieron prioridades técnicas. En el caso de Zoe, la preparación incluyó ejercicios orientados a mejorar la economía de carrera, la gestualidad y la capacidad de sostener ritmos elevados. Los trabajos incorporaron drills, ejercicios con vallas y conos, movilidad y fortalecimiento de tobillos.
La elección de los terrenos tampoco fue casual. Se priorizaron la pista y las superficies planas, evitando sumar desniveles que incrementaran innecesariamente la exigencia física cuando el estímulo de la altura ya representaba una carga importante. A esto se agregaron situaciones de entrenamiento destinadas a trabajar aspectos tácticos y ofrecer herramientas para resolver distintos escenarios posibles durante una competencia.
Para Irene, los primeros días estuvieron especialmente atravesados por la aclimatación. Nunca había participado de una preparación de estas características y la adaptación al entorno fue uno de los principales desafíos.
“Lo que más costó fueron los primeros días, sobre todo por la aclimatación, debido a que nunca había estado en una preparación en la altura”, explica.
Zoe también tuvo que modificar su dinámica cotidiana. Habitualmente concurre al colegio por la mañana, pero en Cachi el entrenamiento ocupaba ese primer tramo del día. Después aprovechaba los momentos de descanso para avanzar con las actividades escolares que recibía de manera virtual.
“Me despertaba, íbamos a entrenar y al volver descansaba un rato y ahí me ponía con algunas cosas del colegio que tenía online, que le estaba pidiendo a mis amigas que me vayan mandando”, relata.
La recuperación tuvo un lugar específico dentro de la concentración. El descanso, la hidratación, la alimentación y la capacidad de reconocer las señales del propio cuerpo fueron aspectos considerados durante el proceso. También dispusieron de una jornada en las instalaciones del hotel Macal, donde pudieron utilizar la pileta para realizar crioterapia y botas de compresión como recursos complementarios para la recuperación muscular.
Pero Cachi también dejó aprendizajes que no aparecen en los registros deportivos. Para Irene, una de las experiencias más valiosas fue compartir el día a día con sus compañeros y profesores.
“Lo que más me llevo de ahí es la convivencia, los retos lindos que pasé con los profesores, con Zoe, con toda la gente de ahí”, cuenta.
Zoe coincide en destacar el entorno, aunque su recuerdo está especialmente asociado a la tranquilidad del lugar y al paisaje de montaña. “Me encantó la tranquilidad y paz que había, las montañas, la vista que tenía desde la pista era totalmente hermosa”.
La distancia de sus hogares también implicó reorganizar los vínculos familiares. Zoe mantuvo el contacto mediante mensajes y videollamadas: “Con mi familia me mantuve haciendo algunas videollamadas algunos días y todo lo demás por mensaje”.
Fueron tres semanas de entrenamiento, pero también de convivencia y autonomía. Dos jóvenes que debieron aprender a organizar sus responsabilidades escolares, administrar sus descansos y compartir una rutina centrada en el deporte. Una experiencia que las acercó, de manera más concreta, a las exigencias del alto rendimiento.
Dakar, una experiencia que trasciende la competencia
Del 31 de octubre al 13 de noviembre, Senegal recibirá los IV Juegos Olímpicos de la Juventud de verano. La competencia, creada por el Comité Olímpico Internacional, tuvo su primera edición en Singapur 2010 y continuó en Nankín 2014 y Buenos Aires 2018. Dakar será la cuarta sede y marcará un acontecimiento histórico: será el primer evento deportivo olímpico celebrado en el continente africano.
Para Irene y Zoe, la cita representa la competencia frente a atletas de distintos países, compartir la experiencia de una villa olímpica y continuar construyendo sus carreras deportivas.
Irene tiene una expectativa concreta: aprovechar el nivel de la competencia para seguir mejorando sus marcas. “Me encantaría poder aprovechar el nivel de este torneo para poder bajar mis marcas”, afirma.
La posibilidad de conseguir una medalla también aparece entre sus pensamientos, aunque no como una exigencia. “Si llegara a obtener una medalla ya sería un montón”, reconoce.
Zoe, en cambio, pone especial énfasis en disfrutar la experiencia y aprovecharla como una oportunidad para proyectarse internacionalmente.
“La verdad, poder viajar a esta competencia es cumplir un sueño”, dice. Su objetivo es dar lo mejor de sí y no quedarse con nada pendiente: “Mi objetivo es darlo todo, no quedarme con nada, dar lo mejor de mí, pero sobre todo disfrutar de esta única experiencia”.
Su mirada también está puesta más allá de Dakar. Quiere aprovechar la oportunidad para ganar visibilidad, seguir esforzándose y acceder a nuevas competencias internacionales. “Intentar mostrarme más para poder llegar más lejos, seguir esforzándome después de esta experiencia para tener la oportunidad de participar en nuevas competencias internacionales, representar al país y en algún momento también poder hacer más podios internacionales”, plantea.
Las montañas de Cachi quedaron atrás después de tres semanas de preparación. Allí compartieron una experiencia nueva, aprendieron a entrenar en condiciones diferentes y encontraron en la convivencia otro aspecto de su formación deportiva. Ahora el desafío se traslada a Senegal, donde cada una tendrá que responder a las exigencias de su especialidad.
Ficha deportiva | Irene Saray Pernía
- Prueba en Dakar: 1.500 metros.
- Marca clasificatoria: 4:29.46 (9 de mayo de 2026, Campeonato Argentino U20, Rosario).
- Mejor marca en 800 metros: 2:11.42.
- Mejor marca en 3.000 metros: 9:35.04.
- Mejor marca en 5.000 metros: 17:23.21.
- Entrenador: Marcelo Micchia.
Ficha deportiva | Zoe Gorsky
- Prueba en Dakar: 3.000 metros.
- Marca clasificatoria: 9:34.31 (8 de febrero de 2026, Mar del Plata).
- Récord personal en 1.500 metros: 4:27.84 (22 de abril de 2026, Juegos Sudamericanos de la Juventud, Panamá).
- Entrenadora: Ariana Urfini.




