En la recta final de Concepción del Uruguay, cuando las piernas empiezan a pesar y el cuerpo pide frenar, Paula Bartolini hizo exactamente lo contrario. Sostuvo el ritmo y cruzó la meta en 57s37 para quedarse con el título nacional U20 de los 400 metros llanos. Fue una de las mejores actuaciones de su temporada y también la confirmación de algo que en Mendoza ya se intuía: hay una nueva velocista que quiere hacerse un lugar importante dentro del atletismo argentino.
La atleta de Maipú habla pausado, sin estridencias. No exagera objetivos ni vende frases vacías. Contesta con la serenidad. Pero detrás de esa calma aparece una historia de esfuerzo cotidiano, kilómetros de ruta para competir, entrenamientos a doble turno y una constancia que explica mucho más que una medalla.
En Mendoza, y especialmente en Maipú, el atletismo tiene tradición. El departamento vio surgir nombres importantes como Leandro Paris y Guillermo Ruggeri, referentes que pusieron a la provincia en la escena nacional e internacional. Paula creció viendo ese movimiento atlético en una ciudad donde el deporte ocupa un lugar central en los polideportivos y pistas municipales. El Ribosqui, donde entrena buena parte de la semana, es casi su segunda casa.
“Siempre hice mucho deporte. Después de dejar tenis apareció el atletismo cuando tenía unos 10 años”, cuenta Bartolini, todavía sorprendida por la velocidad con la que fueron llegando las competencias importantes.
Su relación con las pistas fue cambiando con el tiempo. Primero probó distintas distancias, buscó sensaciones, entendió dónde podía explotar mejor sus condiciones físicas. Hasta encontrar su lugar. “Empecé corriendo 800 hace mucho tiempo. Después surgió jabalina y con ella el 600. Ahora mi fuerte, mi prueba principal, es el 400”.
No es una especialidad sencilla. Los 400 metros combinan potencia, resistencia, técnica y cabeza. Los atletas suelen definirlo como una prueba demasiado larga para correrla como velocidad pura y demasiado corta para regular como mediofondo. Requiere tolerancia al dolor y una preparación física integral.
Paula lo sabe. Por eso sus semanas son intensas. “Entreno seis días a la semana e intento trabajar todos los aspectos como fuerza, técnica, coordinación, aunque siempre un poco más de velocidad y resistencia”.
Maipú, entrenamientos y una rutina de sacrificio
La vida de Bartolini no gira únicamente alrededor de las carreras. Como muchos jóvenes atletas, combina deporte de alto rendimiento con estudios y vida social. Y ahí aparece otro desafío invisible: organizar el tiempo. “Mi vida cotidiana es levantarme, ir a la escuela, ir al gimnasio si es su día y pista por la tarde”.
Lo dice como si fuera algo natural. Pero detrás de esa rutina hay jornadas largas, cansancio acumulado y una planificación constante para no resignar ninguna parte de su vida. “Intento combinar estudios, familia, amistades y entrenamientos con organización y hacer tiempo para cada una de estas situaciones”.
Paula entrena en el polideportivo Juan Domingo Ribosqui de Maipú y complementa sus trabajos en la pista provincial del estadio Malvinas Argentinas. “Entreno en Maipú en el polideportivo Ribosqui y casi todos los sábados en el estadio provincial Malvinas Argentinas”.
Allí fue moldeando una técnica que hoy empieza a darle resultados importantes. Pero si hay alguien a quien destaca permanentemente es a su entrenadora. “Mi entrenadora tiene una gran importancia. Ha sido un proceso muy largo y siempre me ha acompañado. Es un pilar fundamental para mí”.
En el atletismo, probablemente más que en otros deportes, la relación atleta-entrenador termina siendo decisiva. Son horas compartidas en entrenamientos solitarios, competencias lejos de casa y procesos que muchas veces requieren paciencia antes de mostrar resultados. Paula lo entiende perfectamente.
Fuera de las pistas, intenta sostener cierta normalidad adolescente. “Cuando no estoy entrenando ni compitiendo, disfruto mucho estar con mis amigos y con mi familia”. Y aunque los viajes son frecuentes, hay algo que tiene claro: Mendoza siempre tira más. “Me gusta vivir en mi ciudad. Viajo mucho por el deporte, pero siempre prefiero Mendoza”.
El día que se consagró campeona nacional
Concepción del Uruguay, este año, permitió ver a las promesas juveniles del atletismo argentino. La histórica pista “Profesor Hugo La Nasa”, escenario clásico de campeonatos nacionales, reunió a las principales promesas del país en el Nacional U20. Hubo lluvia, frío y condiciones climáticas incómodas durante gran parte del torneo. Pero también marcas importantes y actuaciones de alto nivel.
En ese contexto, Paula Bartolini llegó con expectativas altas.
“Con los entrenamientos llegué bien. Ha sido una muy buena pretemporada, por lo cual tenía buenas expectativas. Iba por la marca y me siento satisfecha con ella”.
La final de los 400 metros tuvo ritmo fuerte desde el inicio. Bartolini salió decidida y mantuvo el control de la carrera hasta la recta principal, donde terminó consolidando la diferencia para quedarse con el oro nacional. Su tiempo, 57s37, aparece además entre sus mejores producciones personales.
“Ha sido un buen nacional y una competencia muy importante para mí” completa Paula sobre su experiencia en el Nacional.
El atletismo argentino atraviesa un proceso de renovación generacional y las pruebas de velocidad empiezan a mostrar nombres nuevos. La aparición de figuras como Elian Larregina en el plano internacional también ayudó a darle mayor visibilidad a una especialidad históricamente compleja para el país.
Paula mira ese crecimiento desde Mendoza, todavía construyendo su propio recorrido. “Cada vez que entro a la pista siento emoción. Me pone muy contenta representar al club y a Mendoza. Siempre hay nervios, pero intento controlarlos y dar lo mejor de mí en cada competencia”.
Las marcas, el futuro y el sueño de seguir creciendo
Los números ya empiezan a ubicarla entre las velocistas juveniles con proyección en la provincia. Paula tiene una marca personal de 57s37 en 400 metros y 25s80 en 200. Registros que todavía pueden evolucionar mucho considerando su edad y el margen físico que tiene por delante.
Pero lejos de obsesionarse con rankings o estadísticas, prefiere enfocarse en el proceso. “Mis objetivos para este año son seguir creciendo en el atletismo y superarme a mí misma”.
Su próxima gran cita será la Copa de Clubes U18 de julio, otro torneo importante dentro del calendario nacional. Aunque en realidad el gran desafío será sostener el crecimiento competitivo sin perder equilibrio en el resto de su vida.
En deportes individuales eso suele ser decisivo. Hay talento, sí, pero también desgaste mental, presión y exigencia permanente. Por eso Paula intenta conservar espacios simples: amigos, familia, su ciudad, las costumbres cotidianas.
Maipú aparece todo el tiempo en la charla. Como identidad y como refugio.
Ese sentido de pertenencia también se explica por la tradición deportiva del departamento mendocino. En los últimos años, el municipio fortaleció programas atléticos y espacios de formación que ayudaron a sostener el crecimiento de distintas disciplinas. El Ribosqui, donde Paula entrena habitualmente, se convirtió en un punto de encuentro para atletas de diferentes niveles.
Ella forma parte de una generación que empieza a darle continuidad a esa historia.
Todavía está lejos de pensar en límites definitivos. El atletismo, además, suele tener procesos largos. Por eso hoy el objetivo es otro: entrenar, bajar marcas y seguir aprendiendo.
Mientras tanto, disfruta el presente.
La imagen final en Concepción del Uruguay la muestra sonriente, después de ganar el oro nacional. Una escena simple, pero poderosa. Porque detrás de esos 57 segundos hay entrenamiento silencioso, viajes eternos y rutinas exigentes.




