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Gracias Diego…

Hoy falleció Maradona. Pero nació el mito. Guste o no guste, representó de la mejor manera a nuestro país: sólo él sintetizó de manera tan brillante nuestras luces y sombras. Su figura fue tan monumental que nadie la puede ignorar. Ni siquiera este sitio dedicado al running. Va un humilde homenaje con unas anécdotas dispuestas en forma anárquica y que se basan en experiencias personales.

“¿Argentina? ¡Maradona!”

De grande tuve la suerte de empezar a viajar por el mundo gracias a la locura de correr por senderos de montaña. En ese marco, pude entender lo que verdaderamente significa Diego. Es que en cualquier país, por más exótico que sea, si llevás puesta una remera celeste y blanca, te van a sonreír e inmediatamente vas a escuchar dos palabras mágicas: “¿Argentina? ¡Maradona!”

Rezo al Dios pagano

La primera experiencia fuerte que se me viene a la memoria fue la que viví en Barcelona. Una noche fui de ronda y establecí amistad con un australiano que invitó a los tragos. “Sos argentino y Argentina nos regaló a Maradona. Yo pago todo”, me dijo, se arrodilló y rezó a nuestro Dios pagano.

Pasá tranquilo…

Otra situación inverosímil me sucedió en París, más precisamente en la visita a la torre Eiffel. Fue en la tediosa cola donde te revisan todo en tiempos de miedo por atentados terroristas. Mi chomba celeste y blanca fue suficiente para arrancarle una sonrisa a uno de los serios guardias franceses. “¿Argentina? ¡Ja! ¡Maradona!”, exclamó el hombre de seguridad y con su brazo y un guiño cómplice me indicó que pasara tranquilo.

Romance oriental

Una historia más agradable me ocurrió en Omán cuando una señorita del África septentrional, licenciada en letras, aceptó pasar conmigo una noche bajo las estrellas del cielo del Medio Oriente. “En mi país amamos a los argentinos por Maradona y su fútbol”, me dijo en un dificultoso español. Los ojos oscuros y melancólicos de la morocha de piel oscura hicieron el resto para que no olvidara más esa dulce experiencia.

La mano de Dios

Pero cuando más cerca me sentí de Diego fue el año pasado cuando corrí los 100 kilómetros de la CCC, en suelo italiano, suizo y francés. No estaba en las mejores condiciones para participar de una prueba de montaña tan exigente. En la noche, ya en Suiza, en un avituallamiento, el locutor recibía a los argentinos con “La mano de Dios”, el tema de Rodrigo. Fue un gesto tan inesperado como conmovedor que me hizo llorar, pero que me dio la fuerza suficiente para llegar a la meta… Al salir del puesto tenía que, en plena noche, afrontar una salvaje pendiente positiva y mis reservas psicológicas las tenía agotadas. Así, en la soledad de los Alpes, el ejemplo del Diego en el mundial de Italia ’90 -jugando con el tobillo a la miseria contra Brasil, Italia y Alemania- me inspiró para terminar una prueba en la que fui parte más por mi inconsciencia que por mi estado físico, que era deficiente, y mental, que era deplorable.

Tristeza infinita

Hace horas que estoy haciendo esta nota en honor a uno de mis ídolos y debería hablar más, tanto de sus maravillas como de sus miserias. Pero el dolor me supera y no puedo seguir. Tanto que sólo me quedan fuerzas para decir ¡gracias Diego!

Foto: Facebook, gentileza página oficial Diego Maradona

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Claudio Pereyra Moos

Periodista por pasión, más que por profesión. Ultramaratonista de montaña que corre tras ideales: traspasar metas de carreras difíciles, trabajar por una sociedad más justa, viajar para conocer nuevos horizontes.