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Correr con un ángel…

La historia de la familia Molina es una historia de resiliencia que nos enseña que, aún desde el dolor por la pérdida de un ser amado, se puede salir delante de la mano del amor y del running.
Cada vez que corren, Saúl, Paula, Gabriela y Agustín sienten que Lucas los acompaña.

Lucas Molina era un adolescente de 15 años alegre, solidario y lleno amor que le encantaba correr.

Con su sonrisa imborrable, llenaba de vida al grupo de running de su papá Saúl, a tal punto que siempre lo esperaban para los entrenamientos.

Saúl, como oficial de policía, junto a sus camaradas, había formado un equipo que se juntaba todas las semanas a correr para mejorar su estado físico.

Lucas, en gran medida, se había constituido, probablemente sin proponérselo, en eje de ese team dicharachero cuyos integrantes se entrenaban para, al fin y al cabo, prestar un mejor servicio a la comunidad.

La vida, ese laberinto que, con sus vueltas indescifrables, de un momento a otro, injustamente nos quita lo que nos dio, dijo, implacable, el 31 de diciembre de 2013, que Lucas se marchaba de esta tierra tras sufrir un accidente doméstico.

Abuelos y amistad

A partir de ese momento en la familia Molina todo fue consternación y la pregunta que se hicieron fue cómo salir adelante en el medio de tanto dolor ante una pérdida irreparable.

La respuesta, como debe ser, vino de la mano del amor, acompañado, en este caso, por el running.

Es que Saúl, su esposa Gabriela y su hija Paula (que entonces tenía tan solo 12 años) encontraron el apoyo incondicional de los abuelos de “Luquita”, pilares fundamentales en ese momento tan crítico para la familia.

Por supuesto que no faltaron los amigos, especialmente los del “team policial” de running en el que Lucas era el epicentro porque contagiaba vitalidad.

Así, en marzo de 2014, nació Lucas Running cuyo objetivo era mantener vivo el recuerdo del alegre adolescente.

Solidaridad

“Llegamos a ser 80 los integrantes del equipo”, dice orgulloso Saúl, acompañado por su esposa Gabriela, su hija Paula y su sobrino Agustín.

De esta manera, el espíritu de Lucas iba a seguir vivo manteniendo encendida la llama de la solidaridad, una de sus principales virtudes.

Es que Lucas Running pasó a ser un vehículo para apoyar a organizaciones sociales. “Llegamos a asistir siete merenderos a los que les dábamos alimentos no perecederos que la gente nos donaba. También apoyamos escuelas rurales. Donamos DVDs y televisores. Ayudamos al Hogar de Adultos Mayores. Acompañamos a chicos enfermos de leucemia…”, detalla Gabriela que, con amor materno, agrega: “Lucas era generoso y alegre. Por eso decidimos honrarlo haciendo cosas que a él le gustaba hacer”.

Rendirse jamás

“No bajamos los brazos porque nos dimos cuenta que, desde la memoria de Lucas, podíamos hacer cosas por la gente que lo necesitaba”, sentencia Gabriela que, valiente, disimula como puede el dolor de una madre que no tiene a su hijo para abrazar.

El running como terapia

Lucas Running se constituyó en uno de los teams más activos de Mendoza, no solamente por ser uno de los más numerosos (llegó a tener 80 integrantes) sino también por estar presente en la mayoría de las carreras del calendario provincial.

Saúl calcula que con su hija llegó a correr 114 competencias y estima que, antes de la pandemia, participaba en 14 eventos al año. “En 2015, llegué a correr más de 2.500 kilómetros, entre carreras y entrenamientos”, afirma, para luego sostener que el running es una terapia.

Dice al respecto: “Antes de lo de Lucas, el running era nuestra terapia, pero de una manera pausada y casual. Cuando partió, necesitábamos otra salida y fue correr: estar en contacto con la naturaleza, la compañía de los amigos, acercarse a otras personas, porque en las carreras siempre había gente que nos alentaba. No importaban los tiempos de las carreras, lo importante era llegar a la meta porque cuando nos ponían la medalla (de finisher) nos sentíamos contenidos. El running nos ayudó a salir adelante, no a olvidar, pero nos ayudó a fortalecernos”.

Ante el dolor, la unión familiar es fundamental para salir adelante.

Desafío en honor a Lucas

El 6 de agosto se llevará acabo la tercera edición de Desafío Puesto Huarpeño, en las adyacencias a los cerros Áspero y Arco, carrera que, este año, es en honor a Lucas Molina.

Las distancias que se podrán correr, desde las 10 de la mañana, serán 10K y 5K que, de acuerdo a lo informado por los organizadores, propondrán circuitos “con una amplia variedad de relieves con caminos, senderos, ríos secos y ascensos y descensos ‘picantes’”.

“La carrera de 10K comenzará en el casco del Puesto Huarpeño para luego agarrar caminos consolidados hasta entrar, en un principio, a zonas de senderos, para después hacer un remonte por un río seco para posteriormente comenzar a correr por senderos de montaña”, puntualizó Juan Ruti, un histórico referente del pedestrismo mendocino, mentor de la propuesta junto a sus hermanos Martín y Osvaldo.

Más allá de las pruebas estrellas de la movida trail runner, habrá una caminata familiar y una carrera para los “locos bajitos”, la “Luquita Kids”.

Podés inscribirte on line haciendo click acá para acceder al link respectivo.

Los costos son $3.000, para los 10K, y $1.500, para los 5K, aunque habrá descuentos para los grupos de running (en el link de inscripción están los números de WhatsApp para comunicarse).

El pago es por transferencia a Mercado Pago o cuenta bancaria (en el link de inscripción están los números).

Más allá de la medalla finisher, habrá premios para los tres mejores clasificados de la general y de las categorías por edad (cada 5 años) e interesantes sorteos entre los participantes de la carrera.

La familia Molina invita a los participantes a donar alimentos no perecederos que van a destinar a organizaciones sociales.

Para llegar a Puesto Huarpeño te podés guiar por Google Maps (click acá para la ubicación).

Desafío Puesto Huarpeño se hará en honor a Lucas.

Fotos: Claudio Pereyra Moos.

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Claudio Pereyra Moos

Periodista por pasión, más que por profesión. Ultramaratonista de montaña que corre tras ideales: traspasar metas de carreras difíciles, trabajar por una sociedad más justa, viajar para conocer nuevos horizontes.