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Atletismo argentino: doce medallas contra la corriente y una pregunta incómoda para el deporte nacional

El Iberoamericano confirmó la vigencia del atletismo nacional y el surgimiento de una nueva generación de figuras. Sin embargo, los resultados también exponen las limitaciones estructurales de un sistema que sigue dependiendo más del esfuerzo individual que de una política deportiva sostenida.
Posta femenina 4x100 que participó en el Iberoamericano Lima 2026.
Posta femenina 4x100 que participó en el Iberoamericano Lima 2026. Ph: Sebastián Lasquera (Instagram).

Cuatro medallas de oro, cuatro de plata y cuatro de bronce. El balance argentino en el Campeonato Iberoamericano de Atletismo de Lima 2026 que concluyó ayer es, desde cualquier perspectiva, positivo. Incluso más que eso: se trata de la mejor actuación nacional en casi dos décadas, una cosecha que obliga a reflexionar sobre un fenómeno tan admirable como preocupante.

Porque mientras los resultados muestran que Argentina sigue produciendo atletas capaces de competir entre los mejores de Iberoamérica, el contexto revela una realidad menos alentadora: muchos de esos logros llegan en medio de dificultades económicas, reducción de recursos, limitaciones para realizar giras internacionales y estructuras de desarrollo que avanzan a una velocidad menor que la de varios de sus competidores regionales.

La gran pregunta que deja Lima es sencilla: ¿Qué podría conseguir el atletismo argentino si sus resultados estuvieran acompañados por una política deportiva sostenida?

Micaela Levaggi. Ph: Sebastián Lasquera (Instagram).

Los oros que sostienen una tradición histórica

La gran figura del campeonato fue, sin discusión, Micaela Levaggi. La marplatense confirmó que atraviesa el mejor momento de su carrera y regresó de Perú con dos títulos continentales.

Primero dominó los 1.500 metros con una demostración táctica impecable. Luego se quedó con los 5.000 metros estableciendo además una marca personal de 15:48.90. Para una atleta que hace apenas dos temporadas comenzaba a instalarse entre las mejores mediofondistas sudamericanas, el crecimiento resulta notable.

Nacida en Mar del Plata y formada bajo la conducción de Leonardo Malgor, Levaggi representa una escuela histórica del fondo argentino. Su doblete en Lima la posiciona como una de las principales cartas nacionales rumbo a los grandes compromisos internacionales del próximo ciclo.

También desde Mar del Plata llegó otra de las grandes noticias argentinas. Belén Casetta, finalista olímpica y dueña de una de las trayectorias más importantes del atletismo nacional reciente, volvió a demostrar vigencia al imponerse en los 3.000 metros con obstáculos.

La victoria tiene un valor especial porque confirma que, después de años compitiendo en la élite internacional, Casetta continúa siendo referencia continental en una especialidad extremadamente exigente.

La tercera medalla dorada tuvo sabor a renovación. Bruno De Genaro, el atleta sanluiseño se consagró campeón en los 400 metros con vallas con 49.92 segundos, bajando por primera vez la barrera de los 50 segundos.

Ese dato no es menor. Romper esa frontera suele marcar un antes y un después en la carrera de un vallista. A los 23 años, De Genaro aparece como uno de los proyectos más interesantes del atletismo argentino para los próximos ciclos internacionales.

Belén Casetta. Ph: Sebastián Lasquera (Instagram).

La velocidad vuelve a aparecer en escena

Durante mucho tiempo, la velocidad fue uno de los sectores donde Argentina más sufrió la comparación con otros países del continente.

Lima mostró señales diferentes.

El ejemplo más visible fue Elián Larregina, nacido en Suipacha y dueño del récord argentino de 400 metros. El semifinalista olímpico de París 2024 obtuvo la medalla de plata con 45.57 y volvió a confirmar que pertenece a la élite regional.

Pero el fenómeno no termina allí. Las postas nacionales fueron protagonistas durante todo el campeonato.

La 4×100 femenina integrada por Guillermina Cossio, Noelia Martínez, Florencia Lamboglia y Milagros D’Amico obtuvo la medalla de plata. La posta 4×100 mixta, también conquistó la presea de plata, resultado histórico para el deporte nacional.

La 4×100 masculina, con Juan Ignacio Ciampitti, Lucas Villegas, Tomás Villegas y Daniel Londero, logró el bronce y además mejoró el récord argentino.

Y la 4×400 masculina, integrada por Agustín Pinti, Bruno De Genaro, Manuel Robles y Elián Larregina, ganó su serie y finalizó quinta en la clasificación general.

Detrás de esos resultados aparece un dato clave: por primera vez en muchos años Argentina muestra volumen de plantel en las pruebas de velocidad y relevos.

Equipo argentino relevo masculino 4×100 metros. Ph: Sebastián Lasquera (Instagram).

Los bronces que explican el presente y el futuro

Si los oros representan la consolidación y las platas reflejan competitividad, los bronces muestran el recambio.

La santiagueña Nélida Peñaflor protagonizó una de las actuaciones más emotivas del campeonato. Corrió gran parte de los 10.000 metros al frente del grupo, pero no alcanzó en ese momento para el podio. Finalmente, la descalificación de una rival por usar un calzado no permitido en la competencia, la atleta oriunda de Frías (Santiago del Estero) terminó heredando – merecidamente- la medalla de bronce.

Su actuación ratifica el crecimiento de una atleta que lleva años sosteniéndose entre las mejores fondistas argentinas.

También subió al podio Diego Lacamoire, otro marplatense que continúa construyendo una carrera sólida en el mediofondo. El bicampeón sudamericano de 1.500 metros consiguió el bronce detrás del uruguayo Valentín Soca, una de las grandes figuras emergentes del atletismo continental.

Mientras tanto, atletas como Francisco Ferreccio, sexto en 110 metros con vallas y poseedor de la segunda mejor marca argentina de todos los tiempos en categoría absoluta, Franco Peidón en los 800 metros, Victoria Olives en la final de 800 femeninos, Lucas Villegas en la final de 100 metros, Juan Manuel Cano en marcha atlética y Manuel Landaburu en los 5.000 metros sumaron experiencia internacional que podría resultar decisiva en los próximos años.

Un medallero que invita a reflexionar

El dato más interesante quizás no esté en Lima sino en la evolución histórica.

Argentina cerró el campeonato con 12 medallas (4 de oro, 4 de plata y 4 de bronce), igualando la cantidad obtenida en Trujillo 2018 y superando claramente lo realizado en las dos últimas ediciones.

Sin embargo, el escenario regional cambió.

Países como Chile, Uruguay y Perú han desarrollado programas de inversión deportiva más consistentes durante la última década. Ecuador fortaleció áreas específicas. República Dominicana y Puerto Rico se consolidaron como potencias de velocidad. Venezuela recuperó terreno en varias disciplinas.

Argentina, en cambio, parece mantenerse competitiva más por la calidad de sus entrenadores y el esfuerzo individual de sus atletas que por una expansión estructural del sistema.

Allí aparece el verdadero valor de Lima 2026.

No fue solamente un campeonato exitoso. Fue una demostración de resiliencia.

Detrás de cada medalla hay historias de viajes financiados a pulmón, concentraciones limitadas, dificultades para acceder a competencias internacionales y entrenadores que multiplican esfuerzos para sostener procesos deportivos.

Por eso las doce medallas argentinas valen más que un número. Representan la confirmación de que el talento sigue apareciendo. La incógnita, una vez más, es si el sistema será capaz de acompañarlo.

Porque si con recursos limitados Argentina consiguió su mejor actuación iberoamericana en casi veinte años, la pregunta inevitable es cuánto más podría crecer si alguna vez dejara de competir contra la corriente.

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Bernabé Luna