La escena se repite una y otra vez. Agustín Pinti acomoda los tacos, mira hacia adelante y espera el disparo. Pero detrás de esos pocos segundos que lo separan de la largada hay años de entrenamientos, viajes, sacrificios económicos y una transformación deportiva que lo llevó desde los 100 y 200 metros hasta convertirse en una de las principales referencias argentinas de los 400.
A los 25 años, el velocista mendocino, representante de Atletismo Maipú, atraviesa uno de los momentos más sólidos de su carrera. Sus recientes marcas lo ubicaron entre los mejores argentinos de la especialidad y le permitieron consolidarse como una pieza importante de los relevos nacionales que vienen batiendo récords en el plano sudamericano.
En la previa del Campeonato Panamericano de Atletismo de Mayores 2026, que se llevará a cabo en Medellín el próximo fin de semana, Pinti dialogó con Mendoza Corre sobre su presente, la búsqueda constante de mejoras y el desafío de seguir creciendo en una prueba donde el sufrimiento forma parte del juego.
“En un 400 encontré una conexión conmigo mismo”
—Llegás a este torneo en un gran nivel. ¿Sentís que estás atravesando el mejor momento de tu carrera?
—Si vamos a los resultados y a los torneos, sí. Te diría que es un muy buen momento.
La respuesta es breve, pero refleja una realidad respaldada por los números. El mendocino viene de registrar las mejores actuaciones de su trayectoria y de acercarse a una barrera simbólica para cualquier especialista argentino: correr los 400 metros por debajo de los 46 segundos.
Curiosamente, el atleta que hoy sobresale en la vuelta completa a la pista comenzó destacándose en las pruebas más explosivas de la velocidad.
—Pasaste de los 100 y 200 metros a los 400. ¿Qué te enamoró de esta prueba?
—Lo que más me gusta es poder conectarme conmigo mismo. Cuando vuelvo a la pista pasan muchas cosas por la cabeza. En un 100 o un 200 largas y cuando pestañás ya terminaste. El 400 es distinto. También te diría que me gusta sufrir. Sé que voy a terminar con ácido láctico hasta en las orejas, pero me gusta.
La frase resume buena parte de la personalidad deportiva de Pinti. El 400 es una prueba cruel: exige velocidad de sprinter y resistencia de mediofondista. Es una carrera donde el cuerpo pide frenar cuando todavía quedan metros por recorrer.
Y allí, nuestro representante, parece sentirse cómodo.
La barrera de los 46 segundos y el sueño de una medalla
Detrás de cada mejora aparece una figura clave: Paola Ábrego, la entrenadora que acompaña el crecimiento del mendocino desde hace años.
—¿Cuál es el objetivo para este torneo?
—Como diría Paola, el objetivo principal siempre es mejorarse a uno mismo. Lo que voy a buscar es tratar de correr por debajo de los 46 segundos. Eso me dejaría bien posicionado. Obviamente todos queremos ganar una medalla y escuchar el himno argentino en lo más alto, pero también hay que ser realistas porque el nivel es muy alto.
La búsqueda de ese registro no es casual. En el alto rendimiento, algunas marcas funcionan como fronteras simbólicas. Bajar los 46 segundos colocaría a Pinti en una dimensión histórica dentro del atletismo argentino.
—¿Qué cambió esta temporada para que llegaran estos resultados?
—No hicimos nada muy diferente desde lo físico. Creo que el clic fue mental. Entrar a disfrutar más, correr sin tantas presiones. Cuando uno corre sin presión generalmente le va mejor y, si te va mal, aprendés.
El análisis continúa incluso después de cada carrera.
—En la prueba donde hice mi mejor marca vimos con Paola que los primeros 300 metros fueron más lentos de lo que veníamos trabajando. Hay muchas cosas para corregir ahí. El final fue muy bueno, así que tenemos que encontrar un equilibrio. Si aparece, puede salir una muy buena carrera.
“La camiseta argentina me da un plus”
En muchos deportistas la representación nacional genera presión. En Pinti ocurre exactamente lo contrario.
—¿Sentís el peso de competir para la Selección?
—No. Al contrario, me encanta, me motiva, me da un plus. Tener la camiseta de Argentina me da confianza. Obviamente la de mi club la defiendo a muerte, pero la de la Selección es algo único. No se puede expresar con palabras lo que uno siente cuando corre con eso.
Ese sentido de pertenencia también se refleja en su compromiso con los relevos argentinos, una disciplina que en los últimos años mostró un crecimiento sostenido y varios récords nacionales.
—¿Qué significa formar parte de esta generación?
—Es algo muy lindo. Arrancamos en 2021 con una medalla en los Juegos Panamericanos Junior y después me tocó pasar a la 4×400 y a la 4×400 mixta. Creo que a los relevos largos se les da menos visibilidad porque a todos les gusta la velocidad corta, pero vienen creciendo muchísimo. Ser parte de esa historia es un orgullo.
Pinti sabe que los récords son una foto del presente, pero también una invitación a seguir evolucionando.
—Además te obliga a mejorarte todos los días. Hay muchos chicos que vienen atrás y quieren ocupar ese lugar. Si no mejoras, estás con un pie afuera.
El esfuerzo silencioso de competir desde Mendoza
Cuando se habla de alto rendimiento argentino suele aparecer una realidad que pocas veces ocupa los titulares: la diferencia de recursos entre los atletas del interior y aquellos que compiten en los principales centros deportivos del país.
Pinti conoce esa situación de primera mano.
—¿Qué fue lo más difícil del camino desde Mendoza?
—Muchos de los torneos de mayor nivel están en Buenos Aires y eso implica un gasto económico muy grande. Yo estudio, trabajo y muchas veces mis viejos o mi familia me ayudan a solventar esos gastos. Esa es una de las grietas más grandes que existen.
Lejos de la crítica fácil, el velocista destaca los esfuerzos actuales por revitalizar el atletismo mendocino.
—Creo que Mendoza necesita seguir creciendo y eso es algo que está intentando la nueva dirigencia. La idea es fomentar el atletismo y volver a tener el nivel que la provincia supo mostrar en otros momentos.
La experiencia acumulada en competencias internacionales también le dejó enseñanzas que hoy funcionan como brújula.
—¿Cuál es el aprendizaje más importante que te dejaron estos años?
—Que hay que salir a disfrutar. Cada torneo es distinto: puede haber calor, frío, lluvia o viento. Pero cuando salís tranquilo, concentrado y sin esa presión de que tenes que rendir sí o sí, generalmente salen buenas carreras.
Antes de despedirse, vuelve a aparecer una reflexión que sólo suele llegar con la madurez que otorgan los años en el alto rendimiento.
—¿Cómo sería para vos un Panamericano exitoso?
—Correr rápido. Si es con marca personal, ideal. Si es con medalla, sería la frutilla del postre. Pero, sobre todas las cosas, volver sano a Mendoza. Aprendí que tan importante como correr fuerte es volver sano, porque eso te permite seguir creciendo.
Agustín Pinti ya está en Colombia.
En algún momento de estas horas previas vuelve a ensayar la misma película mental. Se imagina los pies apoyados sobre los tacos del tartán de Medellín, el silencio que precede al disparo, los primeros metros de aceleración y esa recta final donde las piernas arden y la voluntad empieza a correr por delante del cuerpo.
También se imagina el reloj.
La mirada rápida al cruzar la meta. Los números encendiéndose sobre la pantalla electrónica; y ese registro que persigue desde hace tiempo. Ese cuarto de minuto, que puede lavar el ácido láctico; hasta el de las piernas más congestionadas.
Cuando llegue el momento volverá a sentir la misma mezcla de ansiedad, concentración y libertad que lo acompaña antes de cada carrera. Pero esta vez llegará distinto: más maduro, más tranquilo, con menos presión y más confianza.
Y cuando suene el disparo, volverá a buscar lo mismo que persigue desde que empezó a correr en su Maipú natal: no ganarle a los demás, sino encontrar una versión un poco mejor de sí mismo.
Unos metros más rápido que ayer.



