La Pista de Atletismo Provincial hierve de actividad, pero hay una voz que corta el viento con la precisión de un cronómetro suizo. “¡2’ 23’’!”, grita José Luis Pachmann, con la mirada clavada en su pupilo Emilio Medina y su amigo Juan Martín Fernández mientras completan una exigente pasada de 800 metros. A un costado, el aliento se renueva: “¡Vamos Ailén!”, le espeta a la única mujer de un grupo que, más que un equipo, es una cofradía.
A los 69 años, el popular «Kuky» no busca fama, no cobra un solo peso y reniega de las luces encandilantes de las redes sociales. Está ahí, firme en la pista, viviendo lo que define con los ojos brillantes como «una nueva etapa de mi vida» . Al frente del team Pura Pasión, su única misión es devolverle al atletismo mendocino todo lo que este deporte le dio.

La escuela de la lona, el algodón y la mística de los ’80
Hablar de Pachmann es viajar a los cimientos del running en Mendoza. «Kuky» pertenece a esa estirpe de atletas inquebrantables de la vieja escuela; la generación que corría con gorras de lona, remeras de algodón pesado que acumulaban el sudor y las zapatillas que se pudieran conseguir. En aquellos años no existían geles térmicos, relojes con GPS ni telas tecnológicas.
«Corríamos por pura pasión», evoca Kuky con una determinación que estremece. «Tanto le debo al atletismo que, como me enseñó mi primer maestro, Eusebio Guiñez, lo quiero como a mi madre».
Ese romance con los 42 kilómetros lo llevó a tocar el cielo con las manos en 1987, cuando se coronó ganador de la Maratón Ciudad de Mendoza, la mítica prueba que con las décadas evolucionaría hasta convertirse en la hoy internacional MIM (Maratón Internacional de Mendoza). Su zancada no se detuvo en las fronteras locales: vivió en los Estados Unidos, donde llevó la bandera del atletismo cuyano a las calles del mundo, completando dos veces la Maratón de Nueva York y una vez la legendaria Maratón de Boston.

El legado de un grande: De Eusebio Guiñez a Pura Pasión
El running actual suele pecar de individualismo, de atletas obsesionados con la sobreexposición y los «likes», portadores de lo que Pachmann critica como un «ego demasiado hinchado». Contra esa corriente nada el «Kuky». Su faro y gran maestro fue Eusebio Guiñez, aquel gigante mendocino que obtuvo el quinto puesto en la maratón de los Juegos Olímpicos de Londres 1948, siendo el estratega clave para el histórico oro de Delfo Cabrera.
«Yo lucho por el atletismo de antes, el solidario, de compañerismo. ‘El deporte por el deporte mismo’, como decía Eusebio», sentencia. Por eso, el team Pura Pasión es un espacio completamente gratuito. Su único requisito es querer aprender y respetar los valores de la vieja guardia. Sus cupos se agotaron porque «Kuky» estima que tener más alumnos no le permitiría enseñar con la eficiencia que él quiere.
El búnker de entrenamiento no da tregua y se adapta a la geografía local: los martes a las 17:30 el punto de encuentro es la Pista Provincial; los jueves se mudan al rigor del cerro; y los sábados desafían los umbrales de velocidad en el Parque San Martín o en la ruta.
La voz del Team: El amor incondicional de sus «pupilos»
La grandeza de un entrenador no se mide solo en los minutos que le saca al reloj, sino en las huellas que deja en el corazón de sus atletas. Sus alumnos del team Pura Pasión lo tienen claro:
- Ailén Torres: «Kuky es un entrenador al que admiro demasiado. Tiene mucha experiencia y nos guía con mucha paciencia. En lo personal me ayudó a conocerme, a manejar mis ritmos y a dar un poco más. Como persona no me alcanzan las palabras: se preocupa por vos, te cuida y te ayuda. Estoy agradecida de tenerlo como entrenador y como amigo».
- Luciano Bello: «Como entrenador es lo más sencillo y completo que me pasó. Toda su experiencia la vuelca con nosotros, no se guarda nada y eso nos potencia. Como persona es lo más honesto y bueno que he visto; siempre está al pie del cañón. Gracias Kuky por tanto».
- Rubén Ramírez: «Lo que lo hace distinto es que no aplica recetas; planifica con lógica y objetivos claros, pero adaptados a cada uno. Se toma el tiempo de conocer a la persona que tiene adelante y de ahí arma el entrenamiento. Por eso vas progresando sin lesiones».
- Diego Carranza: «Estoy con él desde el minuto uno. Siempre me ayudó y me enseñó a entrenar; ya vamos a cumplir 6 años juntos de aprendizaje y superación constante. Antes que entrenador es mi amigo, su calidad como persona es indiscutible».
- Yamil Abucet: «Es un genio que comparte de manera desinteresada sus conocimientos. Nos transmite su pasión para que logremos nuestra mejor versión. Le estoy totalmente agradecido porque me acompañó para volver tras una lesión en el Tendón de Aquiles y pude volver a disfrutar del running. Es un maestro de la vida».
- Emilio Medina: «El Kuky es primero un amigo. Con su proceso de cargas y descargas descubrí que tengo mucho más para dar; me enseñó a correr, lo cual es para toda la vida. Nos da planificaciones que jamás vas a encontrar en Internet. Tenemos varios objetivos que queremos cumplir juntos».
José Luis «Kuky» Pachmann sigue ahí, de cronómetro en mano, gastando las zapatillas en la pista mendocina. No busca aplausos digitales. Le basta con ver la transpiración en la frente de sus corredores, el abrazo fraterno al terminar el fondo y la certeza de que la mística del atletismo real, el de pura pasión, nunca va a morir.






