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Promesa del atletismo

Te contamos la historia de una atleta de 15 años que ya batió varios récords en pista.
Una “teen” corre hacia el futuro.

Por Bernabé Luna

El viento corre suave sobre la pista del Polideportivo Alberto Balestrini, en Lomas del Mirador, La Matanza, Provincia de Buenos Aires. Es viernes por la mañana y el sol empieza a levantar temperatura sobre el viejo sintético rojo de la pista de atletismo. A un costado del último carril, sentada en un banco de madera con naturalidad y sin impostaciones, Zoe Gorski nos cuenta sobre sus rutinas de entrenamiento, su alimentación, el colegio, las presiones; y sus sueños. Esta adolescente, que está reescribiendo parte de la historia del atletismo argentino, organiza sus días entre el colegio y los entrenamientos.

Tiene 15 años —cumple 16 el 25 de marzo— y ya rompió un récord argentino U20 que llevaba más de cuatro décadas vigente. Actualmente se ubica en el top 10 mundial U18 en 3.000 metros. Encabeza el ranking sudamericano en U18 y U20. Y, sin embargo, cuando recuerda el momento en que le confirmaron que había logrado el récord nacional, sonríe con timidez: “Me dieron ganas de saltar ahí mismo, pero me contuve. Estaba muy contenta”.

Zoe Gorski en acción.

De seguir a su papá en las competencias a ser la protagonista

La historia de Zoe en el atletismo comenzó desde muy pequeña, cuando asistía a las competencias de running de los fines de semana donde corría su padre. Entre mates y charlas familiares, se dejaba ver la fascinación de una nena que veía a su papá cruzar la meta. A veces se animaba a correr también.

“De chiquita corría con mi papá en carreras de 5K, pero tranquilo. A veces hacía partes con él y después caminábamos. Me gustaba mucho ir a verlo y quedarnos con mi familia en el pasto mirando la carrera”, recuerda.

La semilla estaba ahí. También había una herencia deportiva: uno de sus abuelos había practicado salto en alto. Pero durante años el atletismo fue apenas un juego. Su deporte principal era el hockey, el cual había comenzado a practicar a los tres años. Probó con la gimnasia también y con otros deportes.

Casi por azar, en 2022, Zoe conoció a la persona que la llevaría a descubrir en otro deporte lo que le estaba dando el hockey. Ariana Urfini, su profesora de Educación Física, organizó pruebas para buscar atletas para los Juegos Bonaerenses. “Me vio condiciones para el medio fondo y clasifiqué. No me fue tan bien esa primera vez, pero seguí entrenando. Al año siguiente ya pude clasificar mejor y ahí empecé a meterle más en serio”, recuerda.

La decisión de dejar el hockey no fue inmediata. “Me costó porque la pasaba muy bien, pero en atletismo me empezó a ir mejor. En hockey era medio de madera”, dice entre risas. A esto se sumó que el equipo cambió de lugar de entrenamiento y le quedaba más lejos. El atletismo, en cambio, estaba más a mano. “Creo que fue la mejor decisión”, afirma hoy sin dudar.

El camino que la llevó al récord nacional

En la primera jornada del Nacional de Cadetes del 2024, en Santa Rosa, La Pampa, Zoe ganó los 2.400 metros llanos con 7:45.81 y batió el récord nacional que tenía Irene Sara Pernía con 8:12.75. Así, comenzaba el camino hacia otro hito deportivo personal, que llegaría dos años más tarde.

Luego llegaría el turno de las participaciones internacionales. En ese mismo 2024, primero viajaría a Colombia para disputar los Juegos Suramericanos Escolares. Allí obtendría dos medallas, una de plata en 800 metros (2.15.68min) y la de oro en 2.000 metros (6.13.26min). Luego en el Iberoamericano U18 de Asunción del Paraguay en el año 2025, cosecharía dos medallas, en ambos casos bronces, tanto en 1.500 como en 3.000 metros.

En este 2026, entre los días 7 y 8 de febrero se desarrolló en Mar del Plata un evaluativo de cara a los Juegos Suramericanos de la Juventud que se desarrollarán en Panamá este año en el mes de abril. En plena pretemporada, Zoe fue buscar referencias de ritmos para poder ajustar sus entrenamientos. Esta competencia no era el objetivo principal del año para ella: “No sabíamos bien cómo estaba saliendo de la pretemporada. Era más para probar. Corrí por sensaciones”, explica.

Durante la competencia las posiciones cambiaban vuelta a vuelta. “Al principio iba segunda. Después fuimos intercambiando con varias chicas. Era muy dinámica”. No había referencias claras en los relojes de la pista, ni tampoco se buscaban referencias por vueltas ni controles tan rigurosos. Los parciales no siempre llegaban con precisión, ella escuchaba lo que les cantaban los entrenadores a sus rivales. Cuando cruzó la meta, no tenía idea del tiempo.

“Ni siquiera sabía qué marca había hecho. Cuando vino mi entrenadora y me dijo que era récord nacional, me sorprendí. Fue una sorpresa total” cuenta con alegría.

Su entrenadora le dio la buena noticia, con esos 9.34.31 minutos había logrado quebrar dos récords: el de su categoría, el U18; y el más importante, el récord argentino U20 que pertenecía a Liliana Góngora, vigente desde el 24 de agosto de 1984, cuando corrió en 9:34.7 en el Panamericano junior de Nassau.

Actualmente, su marca en 3.000 metros le permite ubicarse en el noveno puesto a nivel mundial sobre 213 registros en la categoría U18, y en la categoría U20, en el puesto 33 entre 450 registros. Por su parte, en Sudamérica lidera tanto la categoría U18 como U20.

Cómo maneja la presión una atleta juvenil

“En Colombia, que fue mi primer torneo afuera, yo era la más feliz del mundo por haber llegado. Después, en Paraguay, ya sentía más presión, pero era mía, me la ponía yo misma”, reflexiona.

Esa autoconciencia sobre la presión y como manejarla, es uno de los aspectos que más se trabajan en atletas en la actualidad. Con apenas 15 años, Zoe concurre a una psicóloga deportiva, quien la acompaña en el proceso de gestionar eficientemente sus emociones en competencia.

“Lo que vemos es cómo me afectan las cosas que vienen de afuera o las que me pongo yo en la cabeza. A veces me hago la cabeza con cosas que ni tienen sentido. Entonces trabajamos cómo bajarlo y aprender a disfrutar”, explica.

Los nervios aparecen en cada competencia, pero no la paralizan. “Antes de largar a veces siento angustia, esos nervios fuertes. Pero cuando suena el disparo, se van. Ahí ya empiezo a pensar qué hacer en la carrera”.

En una competencia de 3.000 metros, hay cambios permanentemente. Esas siete vueltas y media a la pista pueden ser eternas si no se sabe administrar las emociones y dosificar el esfuerzo. “Todo el tiempo cambia. Una vuelta podés ir primera y en la siguiente te pasan. Tenés que ir pensando”.

Cómo entrena y quiénes la acompañan

Fuera de la etapa escolar, todo resulta más fácil. La mayor parte del tiempo está dedicada a la pretemporada, sin mayores obligaciones que entrenar y descansar.

Durante el ciclo lectivo, en cambio, se suman algunas obligaciones y tiene que distribuir cada día eficientemente para cumplir con todos sus compromisos. “Durante el año escolar me levanto y me voy directamente al colegio. Cuando salgo, si tengo tiempo, intento descansar un poco antes de ponerme a estudiar hasta la tarde. Luego voy a entrenar y, al regresar, me baño. Al día siguiente, repito la misma rutina” relata Zoe.

Sus entrenamientos se distribuyen así: seis días por semana va a la pista, dos o tres veces va al gimnasio, más una jornada que está destinada al fondo largo; sólo en pretemporada incluye dobles turnos.

“Lo que más me gusta son las pasadas de 400 o de 1.000 metros. Aunque las de 400 suelen costarme, al terminarlas me siento mejor. En cambio, las que menos me gustan —quizás porque son las que más me cuestan— son las de 250 metros, ya que son mucho más rápidas e intensas”, admite.

Entrena muchas veces sola, y casi siempre en la misma pista y en las mismas calles de su barrio. Sin embargo, suele compartir sesiones con Daniel Arce, atleta máster especialista en 400 y 800 metros. “Tiene mucha velocidad y me empuja a mejorar” cuenta.

El equipo se completa con su entrenadora, Ariana Urfini, a quien define como “una genia”. “Es quien me pasa los entrenamientos y, cuando puede —especialmente ahora en pretemporada—, me observa mientras entreno, me corrige y se preocupa por cómo me siento en las carreras. Me tranquiliza cuando estoy nerviosa”.

Su familia es el otro sostén de Zoe. Adaptan sus horarios para poder llevarla a los entrenamientos y acompañarla a las competencias. “A mi familia creo que le cuesta, pero por lo que me dijeron es como que se acomodaron a mí, porque yo tengo uno horarios y estructuras que bueno, son complicados”.

Su alimentación: veganismo y alto rendimiento

En el deporte la nutrición es determinante. Zoe eligió ser vegana, no como moda, sino por convicción. Trabaja con una nutricionista deportóloga que la acompaña en el proceso, y pronto sumará una especialista en alimentación vegana.

Sobre su alimentación, comenta que busca suplir el aporte nutricional de aquellos alimentos que no consume, por otros: “intento que sea lo más variado posible y que tenga todos los nutrientes que necesito”, explica. “Complemento con vitamina B12 y otros suplementos”, completa.

La cultura del veganismo ha sido adoptada en los últimos años por atletas de alto rendimiento, así deportistas como Carl Lewis, Novak Djokovic, Lewis Hamilton; entre otros, quienes han dado testimonio de sus beneficios.

¿Desventaja? Ella lo descarta. “Si lo complementás bien, podés estar al mismo nivel que cualquiera”.

La pista como refugio

Más allá de los récords y rankings, hay algo más que la une al atletismo. “Es un lugar donde, si estoy enojada, salgo a correr y me tranquiliza. Me hace más fuerte”, confiesa.

El entorno también colabora. El hecho de entrenar con personas mayores a ella, le permite hablar de otros temas distintos a los que tiene con sus compañeros en el colegio. “Siento que conocí gente muy buena y un entorno totalmente distinto al del colegio, ya que suelo entrenar con personas bastante mayores que yo. Es muy lindo porque puedo hablar de otros temas; en el deporte las conversaciones suelen ser más serias o diferentes, mientras que con mis amigas del colegio hablamos de otras cosas, como salir o cuestiones relacionadas con el estudio”.

El sueño olímpico de Zoe Gorski

Cuando se le pregunta por el futuro, no lo duda: “Ir a los Juegos Olímpicos es mi mayor sueño. Y ganar una medalla sería increíble”. Lo dice convencida. Sabe que el camino es largo. Que con el talento no alcanza y debe entrenar. Pero también sabe que el proceso la entusiasma.

A corto plazo quiere seguir compitiendo internacionalmente y buscar nuevos récords. A largo plazo, el objetivo es olímpico.

En una disciplina que suele exigir paciencia y años de maduración, Zoe Gorski parece tener el tiempo a favor. Ya demostró que puede correr rápido. Ahora el desafío será sostener, crecer y atravesar las distintas etapas que separan a una promesa de una atleta consagrada.

Por estos días solo cuenta con el apoyo de su familia. Rodolfo Rossi, un ultra maratonista reconocido, fue una de las pocas personas que ha colaborado en este tiempo con ella. Él le entregó algunos pares de zapatillas para que pueda entrenar, a la espera de poder conseguir alguna beca, que le ayude a solventar sus gastos. Mientras tanto, sigue entrenando.

Cada mañana, Zoe, vuelve a la pista del Balestrini. Ajusta las zapatillas, escucha indicaciones, respira hondo antes del disparo imaginario y sale a correr. Con la frescura de quien todavía se sorprende por lo que logra. Y con la determinación de quien ya sabe hacia dónde quiere ir.

Para Zoe, la pista de atletismo es su segundo hogar.

Fotos: Bernabé Luna

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Claudio Pereyra Moos

Periodista por pasión, más que por profesión. Ultramaratonista de montaña que corre tras ideales: traspasar metas de carreras difíciles, trabajar por una sociedad más justa, viajar para conocer nuevos horizontes.