Animal Running es un team de San Martín compuesto por cerca de 50 atletas que dirige la profesora Julia Fernández, acompañada por su “coequiper”, la runner y entrenadora Magalí Ruiz.
Como todos los equipos de running mendocinos están en plena pretemporada veraniega para que sus integrantes formen una buena base física y psicológica para afrontar las carreras del calendario mendocino 2026.
Mendoza Corre fue al Este de Mendoza para conversar con Julia y Magalí, como así también sus alumnos, y ver cómo se entrenan en el tórrido verano mendocino.

Entrenar en todos lados
Así las cosas, las huestes de Julia y Magalí están meta pasadas, fartleks, progresiones, ejercicios de fuerza y fondos en las inmediaciones del Gimnasio Animal Fitness, sito en el barrio Pueblo Nuestro, al norte de la Ciudad de San Martín.
La pretemporada también implica la realización de ejercicios, especialmente fondos, fuera de las fronteras sanmartinianas, porque los atletas del Este salen de recorrida por el Cerro de la Gloria, el Parque Deportivo de Montaña, los Senderos de Chacras de Coria, las dunas de El Carrizal y hasta la Precordillera Norte, con el Arco de testigo.

Una buena base
La “profe” Julia nos explicó cómo preparó la pretemporada de sus pupilos, que empezó el 2 de enero y terminará el próximo sábado.
En este sentido, detalló que su plan de trabajo fue pensado para “generar una base sólida en las distintas capacidades físicas: resistencia, flexibilidad, fuerza y velocidad. También se busca conseguir volumen de kilómetros y hábitos en relación al entrenamiento aumentando las sesiones semanales. Todo el trabajo se lleva a cabo aprovechando que no estamos en época de competición”.
En otro orden de cosas, Julia puntualizó que “los entrenos los organizamos según el nivel de cada runner, aumentando el volumen de kilómetros de manera progresiva, aplicando carga-descarga”.

Despedida
Como vemos, el trabajo de la “profe” Julia es arduo y numeroso, por lo que no podíamos seguir conversando con ella. De esta manera llegó el inevitable adiós. Nos dijo, gentilmente y con clase, “chau” y se fue corriendo -no podía ser de otra manera- a entrenar a sus alumnos.




